08 agosto 2016

Bebé reptil.


Unos pies que nunca han tocado el suelo
no deberían ser llamados pies
en todo caso lo que agita sus dedos
al final de tu cuerpo
lo que me da patadas en la cama
o lo que tocas con extrañeza
demostrando una flexibilidad increíble
podría llamarse aleta
alita
algo pequeño que sugiere vuelo
que invita a la velocidad
algo blandito
los llamaremos pies
porque aunque no hayan caminado aún
lo cierto es que tienen la forma perfecta
la miniatura perfecta de aquello
que algún día no muy lejano
echará a andar
acaricio tus pies cuando estás dormido
y la cosquilla te estremece
acaricio tus pies cuando juegas en la hamaca
y siento en ellos el fresco y los nervios del verano
acaricio tus pies al salir de la bañera
y se me resbalan entre las palmas
como dos peces de acuario
unos pocos centímetros de tu carne bastan
para definir la bondad
la pulcritud
la inocencia de un cuerpo
que nunca toca el piso
salvo cuando en un despiste adulto
cae de la cama e impacta
piel contra mosaico
cabeza contra suelo hidráulico
qué ironía
quizá los buenos padres que dejan caer a su bebé
tampoco deberían ser llamados buenos padres.

2 comentarios:

Sara Staines dijo...

Hola Luna, escribí sobre ti y un poema tuyo en mi blog: https://pasillosvacios.wordpress.com/2016/08/19/viernes-de-poesia-cuando-la-belleza-lastima/

Si te gustaría que lo bajara, lo haré.

Sara Herbello Ubeira dijo...

Debe de ser la cuarta o quinta vez que leo este poema y tengo que decir que sería idóneo, que solo se podría considerar leído el poema cuando lo has leído la segunda vez, como cuando en las canciones no copian el texto que se repite sino que te indican volver a cierto punto. Este poema tiene una norma no escrita después del último verso y te obliga volver al principio y seguir leyendo, para haberlo leído de verdad, para que esos pies no toquen el suelo, para que el bebé esté siempre en ese limbo, sin llegar a tocar con los pies el piso.