08 agosto 2015

El templo sin nombre de Shibamata.





vivimos para morir
morimos para vivir
Nishiwaki Junzaburo


una polilla gris y marrón choca contra mi muslo
y me hace daño
en la piel una mancha roja
en el suelo la polilla no sabe despegar
mi marido se prepara para la foto
sus dedos en forma de uve me recuerdan a unas alas
atrás el templo
no sabría describirlo
gris y marrón polilla
gris y marrón ancestral
mi marido tiene el rostro encendido por el sol
está descalzo y unos monjes cantan
mi marido sostiene ahora la cámara y yo me arrimo
a dos budas de piedra intentando no pisar
el cadáver de una polilla que sin quererlo
yo he matado
no conocemos el nombre de este templo pero echamos monedas
nos lavamos las manos y la boca
rezamos con las palmas muy juntas
y la mente tímida
en la pantalla la foto da cuenta de mis heridas
en la piel una mancha roja
en el suelo las hormigas rodean al gran insecto
todo es puro
incluso si toco el cadáver todo es perfecto
el ángulo de tus dedos sobre un fondo de árboles
el ángulo de mi rojez o mi piel asesina
el ángulo de los ojos azules del templo
el ángulo de todas las muertes
que nos hicieron daño




Shibamata, Tokio, 
31 de julio de 2015

5 comentarios:

Anónimo dijo...

tu piel condenada a cadena perpetua en el mundo de las polillas suicidas

MA dijo...

Las polillas buscan la luz.
Me gusta tu blog.
Te sigo.
MA.
El blog de MA.

Anaïs Costa dijo...

Me ha gustado mucho el poema. Tiene gran simbolismo. He seguido tu viaje por Japón en insta, es muy interesante relacionar el viaje con los sentimientos que se ponen en él o que se encuentran en el destino al que vamos. Un abrazo.

Sarai Portilla dijo...

Muy bueno. Me han entrado ganas de viajar y de llorar al mismo tiempo.

Eva y la manzana dijo...

La luz no puede evitar que la polilla muera abrasada a veces.
Un saludo