07 diciembre 2014

Escribo esto mientras me arranco la costra de una herida y pienso en mi padre.

¿Para qué sirven las cicatrices?
Jesús Carmona Robles 

Me gustaría comenzar todas mis frases con un ¡mira!, o quizá con un oye tío fíjate en esto.
La poesía es fijarse en esto y en aquello,
tal vez,
detenerse en lo que nadie se detuvo porque mira: aquí tengo una cicatriz pequeña y una herida que me hice en México y que todavía sangra. Mira, mira lo que te estoy contando, mira lo que te estoy señalando, mira lo que me estoy mirando, adoro nuestra voz, adoro esta voz que nos anuncia a todos, esta repetición que nos vuelve niños, este bla bla bla bla güei.

Sí,
está sangrando.
La herida oceánica está sangrando hasta el punto de envenenar lo purísimo de mi pijama blanco. Me gustaría comenzar todas mis frases hablando de un pijama, o de una manta, o de una leche que se calienta entre mis manos arrugaditas por el agua. ¿Para que sirven las cicatrices?, pregunta un loco. Y para qué sirvo yo en este lugar y a esta hora exacta si aún tengo sueño, si aún estoy sangrando en homenaje a aquel mosquito furioso que se bebió mis miedos en cualquier noche contaminada de Guadalajara. 

Las cicatrices sirven para recordar.
No.

Las cicatrices sirven para decir lo he superado.
No.

Las cicatrices sirven para escribir un poema.
No.

Las cicatrices sirven para saber que estamos vivos.
Ni de coña.

Las cicatrices son tan bonitas como los labios de mamá.
Es probable.

Las cicatrices son una muralla.
Sí.

Las cicatrices son un órgano sexual.
No.

Las cicatrices son eso que no quiero enseñar porque me da vergüenza.
Como un órgano sexual.

Las cicatrices no sirven para nada.
Sí.

Me gustaría comenzar todas mis frases con un tengo vergüenza, o bien con un estoy sangrando.
La poesía es sangrar sobre esto y sobre aquello,
tal vez,
derramarse en lo que nadie se derrama porque mira: el mundo sigue abierto. El mundo se está abriendo en cada una de nuestras sonrisas. Me gustaría sentirme libre incluso si lloro. Los labios rosados de mamá me recuerdan cuánta depresión, aunque luego también me acuerdo de que la vida en realidad es como un especial de Navidad de una sitcom gringa. Al principio empieza tristísimo, pero hacia la mitad ocurre algo maravilloso y heroico que nos vuelve a reunir a todos.

La cicatriz es celebración. 

Porque oye, tío, fíjate en esto:
ahora estamos cantando. 

5 comentarios:

Pina dijo...

Estoy de acuerdo, cierto, aunque no tenga porque serlo, no importa.
Es un texto maravilloso. Felicidades.

Quike D-B dijo...

Las cicatrices sirven para ser. Gracias por ser.

Peter Calentry dijo...

vale, lo he leído seis veces y no me cansa y el contador sigue rulando.

Cristina Llamedo dijo...

Precioso, de principio a fin. Yo también estoy de acuerdo contigo cuando dices que la poesía es fijarse en lo que quizá sin ella no habríamos visto.

Lo dicho, precioso!!!

Albert Estrella dijo...


"La poesía es fijarse en esto y en aquello,
tal vez,
detenerse en lo que nadie se detuvo..."

muy bueno y desde ahora voy a detenerme con frecuencia sobre la costra de alguna cicatriz quitándole una r para que se parezca a la costa de Normandía porque la poesía también puede ser centrarse mirar un punto fijo hasta enfocar la luz con toda tu oscuridad mientras te disparan desde las trincheras con una Panzerschreck y donde el blanco no son las palabras sino uno mismo...flotando sobre dejando correr la sangre por la cicatriz que nunca se cierra palpe usted la vena sobre la sangre derramada en la arena...