21 agosto 2014

Estoy hablando.


Tengo que decir la palabra agujero. Un hueco negro en mi memoria. Tengo que decir que el gato ya no es insoportable, pero está gordo, y pesa demasiado entre mis brazos. Tengo que decir que yo también estoy gorda, que ya no fumo, ni bebo café, que ya no tomo drogas ni tengo miedo a las personas que me odian. Tengo que decir algunas cosas. Algunos recuerdos. Tengo que darme prisa si quiero escribir esto que me viene a la cabeza: aquí dentro suena bello. Suena tan bello que luego, fuera, es puro horror. Tengo que enseñaros el bote de pajitas de colores con el que dábamos de comer a la enferma. Tengo que reconocer que las manías de los dolientes son muy tiernas ella sorbe sorbe sorbe no le gusta el color amarillo porque las pajitas amarillas saben mal. Tengo que cerrar la boca y con eso digo cerrar la mente y con eso digo cerrar la punta de mis dedos, la puta punta que tanto habla. Tengo y no tengo, y prefiero no tenerlo, porque el terror me cansa.  

4 comentarios:

Nausica dijo...

Me detuve en 'Aqui dentro suena bello.' ¿Como quedaría lo que acabo de leer tal y como estaba ahí dentro, y no como lo que finalmente pusiste?
Pero bueno, se esta yendo el sol y aca solo quedan literalidades. Y sí, las manías de los dolientes. Sí.
Besos van
Laura

Anónimo dijo...

Luna, al subir mi foto aquí http://www.kissagainsthomophobia.com/ me has salido como primera pareja de beso!! He entrado en shock, que mona eres ♥♥♥♥♥

LaMarie dijo...

Luna, creo que tus poemas y mis ilustraciones deberían conocerse.
WWW.bluecanvas.com/marialareu

Anónimo dijo...

La que fue devorada por el espejo no abandona las reminiscencias de la sombra.
La extraña. La que se conoce y se desconoce a sí misma. La desgarrada. Alguien siempre dispuesto a dejarse herir. Carne mansa para todos los puñales y los que su propia mano empuña.
Hoy desperté llorando. En sueños llamaba y pedía. Algo me fue concedido de manera equivocada. Sin saber lo que pedí, lo que no fue dado. Absurda artimaña en la que me empeño. Presa, siempre presa en el girar devastado de un pájaro loco en mi cerebro.
El ansia que muerde a veces la planta del pie, la serpiente enroscada en el estómago. Ser portadora del propio veneno y fascinarse con esa imagen.
La que hace una esfinge para sí misma. La que puede ser alegre y generosa y portadora de su misteriosa viudez.
La que se confundió con los aguaceros ahora yace desterrada en el reino de nadie. Arderé y me extinguiré. No más albergar chispas siempre dispuestas a ser prendidas. Ajustarme a la realidad. Huir de las palabras.