11 agosto 2013

«No me creas capaz de vencer a la muerte.»



Todo lo que no se come hace bien a la salud.

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Para Littré panser es lo mismo que penser, porque si se quiere panser (medicar, curar), en primer lugar hay que pensarlo. Luego, como decía Paré, es Dios quien cura.

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En el punto culminante de sus arrebatos oratorios Hitler eyaculaba; era el momento en que la Muchedumbre estaba más estrechamente subyugada a él. Se cumplía así una cópula monstruosa, un incesto no previsto por los códigos sagrados. La Muchedumbre fecundada, encinta de demonios que tardan poco tiempo en salir de su barriga. Así se explica cómo un solo hombre puede ser padre de tanto mal.

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Es mejor morir vaciándose que llenándose, y mejor de hambre que de indigestión.

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Mamzer be-nid-dah (Concebido en el Menstruo) es una enorme injuria judía. Aseguran los talmudistas que el mamzer be-nid-dah está destinado al vicio y a la enfermedad, borracho, loco, epiléptico, asesino, cretino. Nada puede salvarlo. ¿Pero quién demonios ha sido mamzer be-nid-dah?

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Si un niño maltrata a un animal, aunque éste sea grande, hay que pegarle, porque el más fuerte y el más malo es él.

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Las partes que encierran más olor son aquellas en las que se contiene más alma. El ojo, que carece de olor, es espejo, no alma. Añadir perfumes al cuerpo es añadir alma o fingir que se tiene, si ésta falta. Los olores demasiado fuertes se nos han hecho desagradables, porque el exceso de alma es tanto más intolerable a medida que la civilización reprime y frena la animalidad natural.

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Horacio tenía mala vista (lippus), Virgilio digería mal (crudus). (Pero esto tampoco quiere decir que Horacio tuviera buen estómago). Dice Hermann Broch (Der Tod des Vergil) que Virgilio moribundo era una Planta Vidente; su estropeado estómago se había esfumado. Convertirse en planta es más hermoso que exhalar en la muerte olor de santidad.

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El cerdo, máquina de carne (Corriere della Sera). Sólo cinco kilogramos por barba en Italia; cuarenta en Alemania. ¡Ánimo! Desarrollad las mandíbulas. Cerdo para carne. El que usa esas expresiones, el periódico que las tolera, es divulgador de lo obsceno, de la obscenidad como mal agüero. Esa pobre carne ofendida se vengará.

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Una amiga enferma de cáncer nos cuenta lo que es quedarse sola ante una máquina que irradia sobre su pecho el Cobalto 60. Es una máquina que habla: un zumbido extraño que a veces se alza, a veces cesa. En un aislamiento completo, con una puerta pesadísima a la espalda, surge ese compañero ambiguo, que se sabe mortífero, rehuido y temido por todos, que contigo debiera siempre mostrarse lleno de benevolencia y, a cambio de dinero, curarte. ¿Pero qué lengua habla ese monstruo? ¿Qué advertencias murmura? ¿Qué cuenta? Tal vez habla de otros que han pasado por allí, y que han muerto, y te recomienda que no te hagas ilusiones, honestamente te ruega: «No me creas capaz de vencer a la muerte.»

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Lo sagrado da miedo. Pero también su ausencia, también el mundo desacralizado, sin reglas, sin prohibiciones. Libres, no podemos existir. Hay que elegir aquello que más consuele.

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Alimentada con sangre de esquizofrénico, la araña teje telas enloquecidas. (Nicolas Bercel, Araignées schizophrènes, en La Presse Médicale, mayo de 1957). La civilización humana dominante es hoy un gigante esquizofrénico que inocula su sangre, metódicamente, a toda naturaleza viviente; y la araña Tierra fabrica desesperadas y cada vez más frágiles las telas sobre las que apoyamos nuestros pies de hierro, nuestros pies de locos homicidas.

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Los productos farmacéuticos para perros y gatos tendrían que experimentarse antes en el hombre, metido en perreras hechas a tal efecto.

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Defecando se puede pensar en la vida y en la muerte, comiendo se puede pensar en todo, pero muy mal, en el coito no se puede y no se debe pensar en nada. Es vaciamiento místico. Pero para todos.

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Según un macrobiótico la masticación refuerza los órganos sexuales, porque están conectados (doctrina oriental) con los músculos de la mandíbula. Se puede juzgar, en los masticadores voraces y apresurados, el grado de impotencia. La conexión es más que posible, tratándose de una única hambre.

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Los hombres alimentaban la sospecha, y la esperanza, de que las mujeres fueran inmortales. Con un esfuerzo heroico, han conseguido que el parto dejara de asesinarlas. Ello ha hecho a las mujeres sicut Deae, y el desecamiento del viejo cenagal de los males ginecológicos es un paso todavía mayor hacia la inmortalidad femenina. En el futuro las mujeres vivirán dos o tres mil años, el hombre volverá a vivir treinta o cuarenta, y sólo las hembras tendrán alguna posibilidad de ver morir a su madre.
Guido Ceronetti




*Gracias a Helena B. por recomendarme 
El silencio del cuerpo (Acantilado), 
libro al que pertenecen estas 16 citas

9 comentarios:

luna dijo...

Estimada Diana Uliser,

¿puedes dejar de mandarme insultos y amenazas?

Gracias,

Luna.

Anónimo dijo...

Sabía que lo ibas a devorar igual que devoro yo cosas de las que hablas por aquí. Estamos en paz ;)

Helena B.

+Mara Blackflower+ dijo...

Me parece que me voy a tener que leer el libro. Me guardo algunos de los parrafitos. Gracias Luna.

Miguel Alvarez Morales dijo...

La selección de citas que haces es demasiado buena, tendrías que cuidar más a tus lectores, el hacernos pensar, mejor dicho reflexionar demasiado, puede ser y sin duda lo es, insano para la mente y por ende para el cuerpo.

Ula dijo...

Soy mucho más mayor que tú y por eso me atrevo a citar la máxima de Aristóteles: "La virtud está en el término medio", así que ni comer mucho ni comer poco, como dijo Grande Cobián: "Comer poco de mucho y mucho de poco", pero, niña: hay que comer.
Eres un encanto, cuídate.

Saludos

Alejandro Rojo dijo...


Hola, lUna. No sé que coincidencias han ocurrido para que llegue a tu blog. Es muy interesante. A partir de ahora te seguire.

Yo soy otro poeta, mi página es:

http://xultimos.xtrweb.com


Un saludo Alejandro Rojo

Jeny dijo...

sin palabras muy bueno

luna dijo...

Diana Uliser, sé quién eres, por favor, deja de mandarme spam.

Muchas gracias.

Anónimo dijo...

El libro de Ceronetti (traducción de J.A. González Sainz) es extraordinario. El fragmento que versa sobre el pan es sublime.

Mario Domínguez Parra