09 junio 2013

Escribir para curar (2 de 3): Daniela Camacho.

Escribir para curar, en esta ocasión con la poeta y traductora mexicana Daniela Camacho. Aunque la conocía de las redes desde hace varios años, fue hace poco cuando comencé a leerla (su blog de arriba a abajo, sus traducciones, su Facebook). Hay una pequeña vía que en ocasiones va de su palabra hasta mi muñeca. También hay transfusión. También medicina. Escribir para curar. Escribir como quien entrega vida:


[OH-236]

Escritura de súbito: al cuerpo que está por destruirse lo precede una voluptuosidad.

L’autómata, l’abandonada al esplendor, l’acalorada en una cama blanca, en una ciudad sin agua.

Un corte por debajo de la piel. Anomalía. Piel de color blanco-rosa. De color rojo-amarillo.  De color ya no respires. Escupe sangre, escupe palabras deleitosas por última vez.

Antes de aborrecer el lenguaje, memoriza secuencias extrañas (o sueña un jardín con flores nucleares). Como un vértigo. Como quien se ata al pensamiento una melodía arruinada:

CARCINOMA mucoepidermoide de glándula parótida (2.1 x 1.8 cm.)
predominantemente quístico (89%) con estroma desmoplásico e inflamatorio
con focos de extraluminización de mucina y reacción granulomatosa focal
con células gigantes de tipo cuerpo extraño
con extensión a la dermis
 sin neoplasia en bordes quirúrgicos

Alguien ha venido a explicarle la ejecución. Las líneas del cuerpo. Por ejemplo: esto es un don. No. Un reemplazo.

[Después de tener sexo, abrirán las ventanas. Mi radioactividad no es contagiosa. Por ejemplo. En un país lejano, sacrifican caballos en mi nombre.]

De repente: ser un campo de batalla. La muy desesperada. Rabiosa de sí.

No hay más que una compasión un poco sucia en el hombre que la mira. Ella, insolente. Desnuda como todos los enfermos. 

A esta hora, el paisaje de la fascinación es improbable. Muy cerca de la habitación de los metales han construido una máscara para contener el furor. Asfixia a la medida de su rostro.

¿aún
me
reconoces?

Lo despiadado resplandece. Imposible mirar fijamente su herida y no quedar seducido/a.  El encierro, la promiscuidad, las células oscuras del deseo se están multiplicando

como los accidentes. 

(Daniela Camacho)

5 comentarios:

Paz Cornejo dijo...

Me parece un poema impresionante. Desnudos como todos los enfermos. Creo que esa es la más cruda realidad. Cuando estás enfermo el cuerpo adopta una autonomía que aniquila tu dignidad (o al menos lo intenta).

Anónimo dijo...

Daniela es un ser hermoso. Y una gran poeta. En Centroamérica la queremos todos.

Karen Valladares

Anónimo dijo...

vaya tela... clap, clap, clap

Anónimo dijo...

Me dan mucho asco las aletas de tu nariz. Lo siento.

luna dijo...

Puedo moverlas como si fuera a volar <3