12 abril 2013

La moda y la #enfermedad.

Richard Tennant Cooper
Esta mañana he recibido Ebrio de enfermedad, de Anatole Broyard y no he podido evitar comenzar a leerlo en el mismo ascensor, después de sacarlo del buzón y abrir el paquete temblorosa. Tenía mis dudas sobre si este librito confesional me enamoraría o no porque desde hace un tiempo ando saturada de lecturas que se acercan a este tema. Si bien "lo enfermo" es algo que me ha llamado la atención desde el primer momento en que comencé a buscar hacia dónde orientar mi biblioteca (y también mi escritura), en los últimos meses he sentido que las mesas de novedades de nuestro país se llenaban de este hashtag literario, conformando una especie de  canto coral o apología del dolor a veces incomprensibles. 

Por suerte, y por lo que he podido leer en la últimas horas, Ebrio de enfermedad se aleja de cualquier "moda de la lamentación" y se convierte en uno de esos libros que uno agradece tener en las manos. Si bien es cierto que fragmentos como "Hacia una literatura de la enfermedad" nos pueden resultar demasiado cercanos si ya hemos leído textos como El emperador de todos los males o clásicos del tema como La enfermedad y sus metáforas, hay en la escritura de Broyard algo profundamente hipnótico, quizá por su lirismo crudo, que nos invita a seguir leyendo aunque ya intuyamos hacia dónde puede llevarnos. 

La historia de Broyard comienza como muchas otras: Juan Gracia Armendáriz, Susan Sontag, Melanie Thernstrom... O bien: un cuerpo que contrae una enfermedad y que decide combatirla desde la Literatura, no sin antes probarla, degustarla, leerla en otros, preguntarse ¿¿¿¿por qué???? o incluso a veces amarla (lo queramos o no, es nuestra inseparable acompañante, y eso marca). La historia de Broyard, decía, comienza como cualquier otra historia, pero también está narrada como nunca. Me encanta la crudeza, la sinceridad. Aún me quedan algunas páginas para terminarlo, pero me alegro de sólo con las dos primeras y fantásticas partes todos mis reparos se hayan quedado a un lado.

Lo que más "detesto" de Ebrio de enfermedad es las ganas de leer más y más que acaba provocando. En la mesilla avanzaba lentamente El fin de la enfermedad, de David B. Agus (Ariel, 2011), y de la estantería acabo de desempolvar dos libros en los que no puedo dejar de pensar: El sentido de la enfermedad, de Shinoda Bolen (Kairós, 2009) e Historia cultural del dolor, de Javier Moscoso (Taurus, 2011). Si os fijáis, todos están concebidos como ensayos o incluso como manuales de autoayuda y han proliferado en los últimos años. Broyard lo dice con razón: el enfermo necesita su propia literatura. Y quizá eso sea porque: su estado del alma es distinto (Woolf). 

Entonces, pienso: ahora todo me cuadra. Vivimos en una sociedad enferma donde la muerte y la degradación están siempre revoloteando sobre nuestras cabezas. Vivimos enfermos y por eso necesitamos nuestra propia Literatura... pero claro. ¿Hasta dónde la frivolidad? ¿Y la falta de pudor? ¿Y la canalización de todos nuestros dolores? ¿Hasta cuándo la #enfermedad seguirá siendo #literatura, y viceversa?

Con todo, me marcho la cama a seguir leyendo al señor Broyard. 
Que la tarde es apacible. 
Que el dolor aquí no pesa.

3 comentarios:

Hombre de arena dijo...


Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía.

Salíme al campo: vi que el sol bebía
los arroyos del hielo desatados,
y del monte quejosos los ganados
que con sombras hurtó su luz al día.

Entré en mi casa: vi que amancillada
de anciana habitación era despojos,
mi báculo más corvo y menos fuerte.

Vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.

Quevedo.

Anónimo dijo...

¿Y quién se atreve a mirar los ojos de un enfermo

con los senos llenos de hambre,

con las manos calientes y las nuevas mentiras,

con los mareos,

con el cuerpo tenso,

el cuerpo tenso y mullido como el cadáver de
tu abuelo?

Luna Miguel

(Bricia) Te leo

luna dijo...

Gracias