08 marzo 2013

Comer puede matar (oda a la fruta fea).

Aleksandra W. 
¿Que no ven frutas feas en los estantes? ¡Normal! Los grandes distribuidores se las cargaron. Es duro, muy duro, ser una fruta fea.
Isabelle Saporta

Hace poco llegó a mi buzón el poemario de una joven poeta titulado Digestión idílica, en donde muchos versos rememoraban imágenes que desde hace un tiempo me obsesionan, muchas de ellas relacionadas con los insectos, las cucarachas, la comida y esas cosas. Este librito me hizo pensar en un texto que aprecio mucho, titulado Mi relación con la comida, de Angélica Liddell. Fue Maite Dono quien me lo regaló hace unos años. Se trata de un ejemplar fotocopiado (es prácticamente imposible de conseguir) de una suerte de monólogo de Angélica en donde nos cuenta sus años más precarios en casas destrozadas, y cómo durante aquel tiempo de desdichas y asco, acabó muriendo su apetito. 

Pues bien. La sensación que una tiene al leer el ensayo Comer puede matar (Debate, 2013) es bastante parecida. Si bien en algunas partes de este breve texto no hay nada que no hayamos podido leer antes en La jungla o en Comer animales (libro, por cierto, que del que sólo conozco fragmentos ¿alguien me lo presta?), la manera de narrar, contar y resumir de su autora siempre resulta brillante. El asco hacia la cucaracha de Liddell y la brutalidad de la matanza de Sinclair se convierte aquí en el horror que sentimos hacia nuestros supermercados, hacia nuestras neveras y hacia todas aquellas cosas increíbles que la industria ha desarrollado para que cada uno de nosotros pueda tener una mesa repleta de mierda. Bonita, sí. Pero mierda. Sabrosa, sí. Pero mierda. Mortal, sí. Pero qué importa. 

Isabelle Saporta es muy divertida. Todos los capítulos de Comer puede matar están plagados de ironía y destilan un gran carácter. Saporta critica fuertemente a la sociedad francesa, pero en realidad cada una de las cosas que dice podrían aplicarse sin ningún problema a los errores que en nuestro país cometemos. Este Libro negro de la agricultura francesa es también un Libro negro de nuestra alimentación, o mejor, de nuestro comportamiento. Porque al final es nuestra mente, nuestra manera de actuar y nuestra continua tendencia a cerrar los ojos lo que se ve más afectado. 

Recomiendo este libro no sólo a vegetarianos o amantes de los animalitos... Lo recomiendo a todas las personas que alguna vez en su vida hayan ido a un supermercado. Los que alguna vez hayan cocinado. Los que alguna vez hayan comido. Los que (¿todos?) tengáis estómago. 

4 comentarios:

Elise Plain dijo...

La extrema y omnipresente toxicidad de nuestro mundo está amenazando el tesoro de la vida seriamente. Como sigamos así, mal lo tenemos. Pero a casi nadie le importa, oye.

Anónimo dijo...

Una pregunta que no viene mucho a cuento, ¿cómo has hecho para dejar de fumar? Y más importante, ¿cómo haces cuando quedas con tus amigos, estás bebiendo una cerveza y ellos fuman? Gracias :-)

Layla dijo...

Es un tema que da miedo. En documental también hay alguna cosa muy interesante relacionado con esto, por ejemplo "El mundo según Monsanto". Si no lo conoces, te lo recomiendo mogollón. (Creo que está en youtube subtitulado)

NubOsidad VaRiable dijo...

CiertO.
La evolución está en la regresión, pero sólo en algunas cosas por dios, no como el caso de la cultura en Pucela.
Sigue siendo un placer leerte!

Saludicos del norte. :)