30 diciembre 2012

Soliloquio para el fin de año... y hablará un soldado.

Johann Heinrich Füssli
En ese momento, a mi lado, un rebaño de gaviotas alzó el vuelo -un blanco arco trémulo
me cobijó, -plácidas, ligeras, amables plumas
moviéndose afirmativamente en el aire -grandes manos amistosas
aplaudiendo mudas el silencio, dándome palmadas en el hombro
de nuevo con confianza, -sí, una confianza nueva. Y bien, no lo lamentes. 

Te aseguro que ahora estoy tranquilo; -no anhelo la muerte de los otros
ni tampoco la mía. No me importa ya 
el engaño de los dioses ni mi autoengaño ni la burla
de mis compañeros de combate, -estoy lejos, no me abate. ¿Qué haría
con los inútiles botines, con el inmenso escudo y con la lanza?
¿Me protegería? ¿De qué? ¿Y cómo? Los troyanos no me doblegaron-
el miedo al enemigo es nulo frente al miedo al amigo. 
Yannis Ritsos

Sabemos-que-no-somos-sabios. El gato aprende los mitos uno a uno debajo de la manta. Maúlla y no se asfixia porque los sueños respiran. Sabemos-que-no-somos-limpios. Acaricio mi cama rasurada y quién vive dentro. Sabemos-que-no-somos-tiernos. Qué más voy a contar, qué más. Sabemos-que-mueren-gaviotas-dilo-más-rápido-sabemos-que-mueren-insectos-dilo-más-rápido. El único monstruo era yo y así lo palpo y así lo aprendo. Sabemos-que-Él-se-ha-dormido. Mi sucio compañero. Mi buen animal.  

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Siempre habéis sido un poco guarretes. Poca ducha.

Ula dijo...

He tenido muchos gatos. Ya no. Todos están. Al volver de mi primer viaje a Egipto, los consideré sagrados por eso que se dice, hasta que me di cuenta del chantage que uno mismo sufre creyendo que se lo hacen. Los mininos son espejo de cosas extrañas, nuevas cada vez, tan lindos, no hay palabras.
Perdona Luna,no volveré a hacerlo pero quiero poner aquí este poema de Borges hoy a cuatro manos.

FINAL DE AÑO


Ni el pormenor simbólico
de reemplazar un tres por un dos
ni esa metáfora baldía
que convoca un lapso que muere y otro que surge
ni el cumplimiento de un proceso astronómico
aturden y socavan
la altiplanicie de esta noche
y nos obligan a esperar
las doce irreparables campanadas.
La causa verdadera
es la sospecha general y borrosa
del enigma del Tiempo;
es el asombro ante el milagro
de que a despecho de infinitos azares,
de que a despecho de que somos
las gotas del río de Heráclito,
perdure algo en nosotros:
inmóvil,
algo que no encontró lo que buscaba.

Jorge Luis Borges
Paso de 1922 a 1923.

Que el planeta comience bien su vuelta a empezar alrededor del sol.

Cariños.

Anónimo dijo...

Hay una errata. Es Füssli, no Füssil. :)

luna dijo...

Corrijo!
Gracias