27 noviembre 2012

Aproximaciones a la belleza del marido.


Egon Schiele
Los hombres que me gustan son mitad niño (aquí), mitad hombre. Los hombres que me gustan son mitad hombre, mitad mujer (aquí): y no me refiero con esto último a algo físico, sino a algo puramente literario, esto es: la manera punzante con la que Ellas los describen. 

Y pienso entonces en que yo también habría podido amarlos. Pienso, entonces, en Ted Hughes (sólo en su personaje, desde la voz de Plath), o en Joan-Marc (narrado a través de Clara en Hilos de sangre), o incluso en aquel huidizo e infantil ser que Carson nos retrataba en La belleza del marido.

Todos ellos son hombres mentirosos e infieles, todos ellos guapísimos y estúpidos, todos mitad hombre, mitad niño. Pequeños demonios sucios que crecieron y nos deslumbraron. Que se merecen todo nuestro odio. Que acaban recibiendo toda nuestra compasión.

[...]
No conseguiste engañarme. Te reconocí enseguida.

El árbol y la piedra resplandecían, sin sombras.
Mis dedos se alargaron, translúcidos como el cristal.
Empecé a brotar como una rama en marzo:
Un brazo y una pierna, un brazo, una pierna.
Y así ascendí, de piedra a nube.
Ahora parezco una suerte de dios
Flotando en el aire, con mi ropaje de alma
Pura como una lámina de hielo. Y eso es un don.
(Sylvia Plath)

3 comentarios:

Francya Castro dijo...

crei que mitad-niño en el sentido de sus sentimientos puros, de su bondad latente, de su ternura humilde

luna dijo...

¡Para nada!

Mendruga dijo...

A mi me gusta la gente mitad hombre mitad mujer. Me gustan mitad Teseo mitad Ariadna y entonces vuelvo al Minotauro. Y entonces busco, me sumerjo para encontrar mi Teseo y mi Ariadna y así matar al Minotauro y vivir un poco más en paz.
Me apunto mucho de lo que veo por aquí, pero no tengo tanto tiempo para dedicar a la lectura, que pena!
No quiero un hombre-niños, pero creo que no existen de otro modo.