16 septiembre 2012

Los pasillos pacientes de Joyce Mansour.


Y volvemos a las novedades de la rentrée, esta vez con la novelita de Joyce Mansour, Islas flotantes, publicada recientemente por Periférica. Aún me quedan algunas páginas para terminarla, pero he de decir que me está gustando mucho. Aunque he leído la poesía de la autora, y tiene bastante que ver con su prosa, no me esperaba encontrar lo que estoy encontrando. De hecho, a ratos, dudaba de que me pudiera gustar. Sin embargo la cosa ya empieza bien. El azul de Niza es lo primero a lo que uno se asoma en su narración. Pero es que luego sigue genial: la observación, la lectura, la espera, la enfermedad, la vida en el hospital, la narración del cáncer y su forma de volverlo un tema profundamente lírico (recordemos que hace unos meses escribí un post a propósito de la idea de literaturizar una enfermedad que según Sontag no podía ser literaturizable -¿esta palabra existe?, no sé, bueno, da igual-, y que podéis leer aquí), algo que señala muy bien Antonio Ansón en el postfacio; pero sobre todo, lo que más llama la atención aquí es el sexo, su manera de abordar el erotismo desde una estética desagradable pero intensa. Joyce Mansour consigue hacer literatura del cáncer, pero es que también consigue volver erótico lo enfermizo. Altamente recomendables estas páginas escritas de un modo exquisito, fragmentario y oscuro. Como pequeños alientos. Como pequeños sueños. Un libro de libros destinado a venir a nuestras manos y golpearnos fuertemente y dentro.

Más arriba dije que no había acabado la novelita, pero aún así quisiera copiaros algunos pasajes que he ido subrayando -es difícil guardar el lápiz ante Islas flotantes-. Atentos: 

El hospital. El penoso desvarío del pijama, aprisionado por ambos costados entre los muros altos del dolor anónimo, se arrastra pegajoso hasta los váteres. El enfermo avanza por el pasillo junto a su enfermedad: sin composturas y, casi siempre, a trompicones.

***

Continúo avanzando. Los pasillos son las venas del hospital y cada enfermo debe zambullirse, nadar a contracorriente, zambullirse en su espuma. Por cada coágulo expulsado cuajan mil coágulos que coagulan y estallan como pompas. ¿Seré yo uno de ellos?

***

Esta noche realizo la ascensión de una alta cima: el pecho amputado de mi madre. Era de esperar. El perro sueña con peces, el pescador también sueña con peces, lo cual no implica que los peces con los que sueña el perro sean realmente peces; podrían representar el falo de un ahogado (aquél, inencontrable, de Osiris descuartizado que recorre el Nilo fecundo hasta hoy mismo), Cristo: pienso en la dimensión simbólica del pez en los comienzos del cristianismo como en un hueso mal digerido. Si el pez representa el falo del hombre, el pecho simboliza el pene. Pero el pecho amputado resulta doblemente prohibido: ¡viva la muerte del cáncer!

***

Me estoy equivocando. El erotismo en la vejez no puede ser el camino a seguir.

***

Estoy nerviosa. Me rasco. Mis uñas se llenan enseguida de briznas de carne. Diez minutos de silencio. Una puerta se abre de repente. Me toca. “El ombligo es una puerta falsa. Una puerta sellada como en una fortaleza”, susurra la enfermera para tranquilizarme.

***
Renuncio a entender la razón de mi presencia aquí. La cuestión queda en el aire. He eximido a los allegados de mi fantasma: sé que “fuera” las visitas están consideradas como un incordio desagradable. Y he dejado de tenerlas. Ya no leo. Ya no escribo. Aguardo.
Joyce Mansour  

9 comentarios:

José Rosales dijo...

Jo, me ha dado miedo leérmelo. Mi infierno personal es quedarme dormido leyendo y creo que este libro podría lograrlo.

¿Leer sobre el cáncer de alguien? Horror. Horror letal.

luna dijo...

Buena parte de la gran literatura universal es literatura dedicada a la enfermedad, o inspirada por ella... o literatura que investiga la enfermedad, qué sé yo, y entre todas las enfermedades se encuentra el cáncer. No veo el horror por ningún lado. Es una manera de aprender a asumir nuestras vidas y nuestras condiciones.


Cuestión de estómagos, supongo.

La cueva de los locos dijo...

Lo tengo pendiente, pero creo que acaba de escalar varios puestos en mi lista de pendientes... Un abrazo

Agustí Rocamora dijo...

¿Crees en la literatura de género, Luna, existe el género en la literatura, según tú?

luna dijo...

No sé en qué creo.
Existe una literatura enfermiza y podría ser esta.

Mendruga dijo...

Leer este tipo de historias puede ser una manera de conectarnos con nuestro propio miedo a la enfermedad, incluso a la muerte. A mi a veces me cuesta. Hace poco leí una gran novela de Samuel Shem, La Casa de Dios. Muerte, enfermedad, vejez, dolor...parte de la vida. Me cuesta recomendarla porque es dura, real, descarnada. Una gran novela.

Ula dijo...

Ganas tengo de leer a la Mansour como novelista pero creo que hasta finales de mes no sale a la venta.
Se ve que Luna está preocupada con el tema del cáncer, yo lo estuve hasta que pasó, pasará.
Primero, profesora de primaria que soy, hay que enseñar el cuerpo y luego, tras ver algo del funcionamiento, pasar a otros temas, sin mayor ni menor importancia.

Saludos

Yasmín dijo...

Hablando de cáncer y literatura: estoy leyendo Bajo el signo de Marte, de Fritz Zorn. ¿Lo has leído?

luna dijo...

Precisamente hace poco lo cité aquí como lectura pendiente. Ganazas.