04 agosto 2012

Mi templo profanado era el de los animales (segunda parte).


He aquí que las murallas son santas y que las cicatrices son bellas.
Juan Eduardo Cirlot

Pisad mi templo de huesos porque nada temo, porque no tengo más que huesos y cierto hipo profano (ni siquiera el silencio se respeta, no hay homenaje para los enfermos). Yo siempre he querido la salud pero nunca la he encontrado y el cielo se reparte entre los pobres porque es sólo aire. Un poco de aire, un poco de blanco. Por qué nos prometen las nubes si apenas se puede respirar. Pisad mi templo. Pi-sad-mi-tem-plo. Acaso habéis visto el tamaño de esta cicatriz, acaso habéis sentido la arcada ante la roja carne que no es sino una muralla entre lo moral y lo inmoral, entre mi estómago y mis sentimientos, entre tú y... Pisad mi templo largamente como la extensa mirada que el poeta requiere. A qué estáis esperando. Acariciad mi tumor. Quien quiera adorarlo tiene su consentimiento. 

3 comentarios:

Durandarte dijo...


¿Eres verdaderamente cartaginesa?

Ester Guntín dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Ester Guntín dijo...
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