17 agosto 2012

El cáncer y sus metáforas.


Esta semana he terminado dos lecturas que me han llevado mucho tiempo (muchos dolores de cabeza, muchas alucinaciones, mucha hipocondría) y de las que ya he ido poniendo algo en este blog. Se trata de El emperador de todos los males. Una biografía del cáncer, de Siddharta Mukherjee, por un lado, y de La enfermedad y sus metáforas, de Susan Sontag, por otro. Realmente la segunda lectura es un complemento de la primera para poder comprender ciertos detalles del tema. El ensayo de Sontag es una suerte de mapa literario a propósito, sobre todo, de la tuberculosis y el cáncer, y de cómo las enfermedades han acompañado a la creación a lo largo de la historia. Así pues, la vida de una enfermedad no podría entenderse sin la vida literaria que hay detrás de ella. Una tesis que también ratifica Mukherjee, pues, según sus palabras hasta un monstruo antiguo necesita un nombre. Bautizar una enfermedad es describir cierto estado de sufrimiento: un acto literario antes de ser un acto médico. El autor de El emperador de todos los males trata la obra de Susan Sontag como un verdadero manual de medicina, aun estando muy lejos de serlo, no hay capítulo en que no cite a la ensayista norteamericana aunque sea, incluso, para contradecir algunas de sus sentencias más arriesgadas. Ambos libros deberían ser bibliografía obligatoria para todos los que han sufrido, sufren o tienen cerca de ellos algún caso de esta enfermedad.

El emperador de todos los males es un libro duro y complicado aunque a la vez vierte un poco de luz ante la oscuridad de su temática. Puede que en el terreno profesional Siddhartha Mujkherjee sea seguramente un buen médico, pero es que en el terreno literario también es un gran contador de historias. Hay un respeto y una pulcritud deslumbrantes en su manera de decir las cosas y posiblemente ese respeto y pulcritud sean lo que convierte a la enfermedad relatada en un dolor mucho más leve y en un mundo mucho más accesible. El emperador de todos los males es, como bien dice el título, una biografía del cáncer, pero también una historia de su existencia, de sus metáforas, de sus víctimas y de las obsesiones de aquellos que durante años han querido combatirlo. Hay grandes nombres, inolvidables, mencionados a lo largo de libro. Hay ensayos fracasados, hay frustración, hay imágenes desgarradoras y terrible información. El emperador de todos los males, finalmente, podría resumirse como una pesada, astuta y firme declaración de guerra. Mukjerhee conoce al enemigo, y sabe que el enemigo es difícil, pero no quiere rendirse y por ello tiene que documentarlo: lo que se ha hecho, lo que queda por hacer.

Supongo que en otras circunstancias quizá no me hubiera interesado por un ensayo médico, sin embargo, como ya indiqué al principio, este libro no es sólo una historia detallada del cáncer. En él, Siddhartha Mukjerhee acerca un tema que ya hemos tratado mucho, el de la enfermedad (o la medicina) y la literatura, pero lo hace desde otro lado, lo hace no como poeta o narrador o ser sufriente, sino desde la propia enfermedad, desde ese punto intermedio en el que el médico se encuentra. Él es un espectador: mira al paciente -al escritor- y mira a la célula maligna -su obsesión-, (pues el uno no existe sin el otro y viceversa), y entonces trata de comprenderlos.

Es en este punto en donde quisiera contradecir a Susan Sontag como ya lo hace Mukjerhee en su libro. Los que seguís este blog habréis visto que unas entradas más abajo he anotado una cita con la que no estoy de acuerdo. En La enfermedad y sus metáforas Susan Sontag explica enfermedades como la tuberculosis como verdaderos acontecimientos esperados por quienes la albergaban. La tuberculosis, cuenta, era la enfermedad de los escritores, de los artistas, de los literatos. Estaba asociada a la creación, al amor, a la idea de plenitud y libertad, y, quien no la tuviera o muriera de ella, quien lo la ansiara... no era nadie. Añade Sontag que ante la tuberculosis, el cáncer no es una enfermedad literaria, esto es: el cáncer sigue siendo un tema raro y escandaloso en la poesía; y es inimaginable estetizar esta enfermedad. Mentira, Sontag, mentira. Tú misma la has estetizado y difundido dándonos este pensamiento. Y detrás de ti otros tantos. Hay tanta poesía en el cáncer como en el cielo, incluso más, diría yo, pues el cáncer lo conocemos, lo tenemos dentro, podríamos tocarlo si quisiéramos, abrazarlo, si nos atreviéramos. Siddhartha Mukjerhee es otra prueba de ello. Buena parte de la literatura contemporánea es otra prueba de de ello. Sin ir más lejos, Matar a platón, de Chantal Maillard, donde la poeta escribe para rebelarse sin provecho a pesar de la derrota ya prevista porque no hay rebeldía que no esté justificada, ni violencia que no sea, en el fondo, inocente; o bien, aquella novela que aún no he leído y de la que no paran de llegarme referencias -me llama, me está llamando- de Fritz Zorn, Bajo el signo de marte, cuyo narrador asegura, según puedo ver en una cita que Diego Zaitegui ha subido a Facebook: el cáncer es una enfermedad del alma. Y no le falta razón, ya hace siglos que el médico Claudio Galeno asociara la depresión al cáncer, siendo ambas, para él, las dos enfermedades provenientes de la bilis negra, intrínsecamente enlazadas. Así pues, el cáncer es melancolía. Un estado oscuro del alma. Bilis lírica, cosa que Siddhartha, Chantal y Fritz ya sabían. Cosa que Sontag negó y que sólo con su negación ya contradijo.

Otra de las cosas que me ha provocado la lectura de El emperador de todos los males es una profunda tristeza asociada no a la enfermedad sino a mis ganas de saber más: desespera. Es realmente desesperante introducirse en un ensayo divulgativo sobre un tema médico y darse cuenta de que una no sabe nada. No conozco nada sobre la medicina. No sé biología, ni anatomía. No conozco mi cuerpo por dentro e incluso lo desconozco por fuera. Por eso me emociona y me sorprende aún más que una persona como Siddharta Mukherjee sea capaz de dedicar su vida tanto a sus pacientes, como a la investigación y a la literatura. El emperador de todos los males está cargado de citas literarias y de referencias a grandísimos autores y deja en evidencia a cualquiera de los que entramos allí, sin saber exactamente a qué nos enfrentábamos.

Es curiosa, pues, esta relación entre la oncología y la poesía. Si Mukherjee es lector de Willam Carlos Williams, el oncólogo que actualmente está llevando a mi madre es seguidor, lector y comprador compulsivo de poesía. Literatura y enfermedad ad infinitum, dije al principio. Los oncólogos como espectadores y críticos de otro género que tan a menudo trata el dolor. Y es que al final algunas pasiones siempre acaban por parecerse. Quién nos iba a decir a aquel oncólogo almeriense y a mí hace un tiempo que nuestras obsesiones terminarían por cruzarse. Que, quizá, entre todos nuestros deberes, tareas y trabajo habría una cosa común en nuestros fines. Con la poesía o la medicina como arma, da igual, pues en este preciso instante los dos lucharíamos por una misma cosa: curar la a ella.  

22 comentarios:

el lector dijo...

Leí a la Sontag hace tiempo, cuando ya estaba en las últimas fases del cáncer. Es cierto lo que dices, pero también lo es que visto en perspectiva, se hace metaliteratura para olvidar o sublimar el dolor.

Hoy día hay millones de casos de tuberculosis, pero carecen del glamour necesario.

luna dijo...

Curioso!

La tuberculosis suena tan absolutamente lejana. Supongo que finalmente da igual la enfermedad, el caso es que sea LA enfermedad.

Anónimo dijo...

un poco cansino y sórdido todo esto. tratar la enfermedad como tema poético (que no literario) me sigue pareciendo inmoral y una clara prueba de que las musas están de botellón.

luna dijo...

Qué pena, entonces no podrás disfrutar de buena parte de la literatura universal.

Anónimo dijo...

Luna, no es precisamente que la Tb esté tan lejos como en la época de las novelas y las óperas donde la consunción era parte sino el núcleo de los dramas y el mero argumento. La razón de que la veamos sin mérito como enfermedad es que su etiología ya se trata con éxito, lo interesante es que puede volver a hablarse de esa tuberculosis como en el pasado, Sontag y Mukherjee tocan el tema: SIDA. Ahora la enfermedad llevará a la otrora temida consunción y además con riesgo de padecer cáncer de varios tipos. Y ahí llega la desesperación y por ende la poesía hacia esa muerte.

luna dijo...

Interesante, sí. A eso me refería. Suena lejana en cuanto a referencias, pero siempre habrá una enfermedad que nos atemorizará y que al tiempo sea bella de contar. Estoy totalmente de acuerdo. ¡Gracias!

yolanda dijo...

HOla Luna:
Parecen libros interesantes. Actualmente, mi padre está con quimioterapia y la verdad, el asunto no "pinta" bien. Además, he sido voluntaria para la AACC con niños y es duro.
Respecto a la enfermedad como tema poético, estoy deacuerdo contigo. Yo tengo algunos sobre ello.
Te dejo aquí uno a ver qué opinas.
Un saludo,
Yolanda


Cáncer


Me arranco el dolor a tiras

y la piel a mordiscos
mientras los enfermos
esperan la muerte.

En el pasillo oscuro de la ira

y en la incertidumbre

de las palabras
espero impaciente.
Espero,
espero,

Des-espero.

Pandora L.G.G. dijo...

Muy interesante el vínculo de la depresión con el cancer. Al fin y al cabo ambas podrían considerarse como las enfermedades de nuestro siglo.

stalker dijo...

Gracias por esta entrada intensa y que en el último párrafo se hace realmente emocionante...

nada que añadir salvo la recomendación febril del libro de Fritz Zorn, un obra lúcida, devastadora, clarividente, habitada por una rara y demoledora poesía...

Gran-hado dijo...

http://www.hannahwilke.com/id5.html

Intravenus

Gran-hado dijo...

http://www.hannahwilke.com/id5.html


Serie Intravenus

Gran-hado dijo...

http://www.hannahwilke.com/id5.html

La serie Intravenus

Ángel Muñoz dijo...

Precioso análisis... ganas de pasarlo mal, Luna, habiendo lecturas más, digamos, fresquitas para tanto calor veraniego. aún así aplaudo tu osadía.

Anónimo dijo...

el miedo y la belleza se necesitan...

aleskander62 dijo...

Estoy con otra cosa, con Ubik, de Philip K. Dick.
Runciter visita a su esposa muerta en estado de revitalización intermitente para comunicarse con ella a través de una agencia.

Layla dijo...

la relación entre la literatura y la enfermedad me parece un tema hipnótico y en los libros de medicina hay mucho material para escribir, son pura poesía. En concreto con el cáncer creo que no he leído nada, pero te entiendo mogollón

luna dijo...

Por otro lado. Esto sí es una lectura de verano. En vacaciones tengo más tiempo para pensar o reflexionar. De ahí esta inmersión en la medicina y en la oncología. En otro momento no hubiera podido.

Lluís Bosch dijo...

Sólo he tenido una experiencia con la literatura de divulgación médica (La isla de los ciegos al color, Oliver Sacks) pero me han entrado ganas de conocer este "Emperador". He vivido el cáncer de muy cerca y así, a primera vista, también lo veo relacionado con la melancolía y la depresión.

Hombre de arena dijo...

Je suis jeune et riche et cultivé ; et je suis malheureux, névrosé et seul.

Fritz Zorn

Hombre de arena dijo...

"La estatua interior" de François Jacob.

Javier Hortal dijo...

Hola, soy el padre de un chico de 15 años que tiene un tumor cerebral llamado xantoastrocitoma. He creado un blog para buscar y compartir información. Os pongo la dirección por que si queréis participar en él o darle publicidad.

http://xantoastrocitoma.blogspot.com.es/

lualife dijo...

La verdadera tristeza...asumida y vivida con la dignidad de saber que en elagún momento acabará...es pura poesia..y que bello poder compartirlo con personas que saben y viven el mismo significado..convertir la tristeza en belleza es algo sublime y por cierto bastante dificil.
Gracias Luna..siempre gracias