23 julio 2012

Pornografía del alma.

Tengo ingenio
donde otros tienen
un cuerpo
Ingeborg Bachmann

Hace poco mi colega Sandra Martínez y yo intercambiamos unos emails a propósito del libro No sé de ningún mundo mejor (Hiperión, 2003) de Ingeborg Bachmann... aunque no sé si deberíamos llamarlo "libro" pues se trata más bien de una suerte de ordenación deliberada de un montón de folios que en un principio ni la propia autora ni su familia querrían haber publicado. Pero ya sabemos cómo son estas cosas y cómo es nuestro infinito gusto por la pornografía del alma del escritor... ¿queda algo de Roberto Bolaño por publicar, amigos, las listas de la compra, quizá, y revisaron todos los cajones? Diarios secretos, emails, cartas, cualquier cosa. Pornografía pura del alma y la eterna discusión sobre cuál es el límite de todo aquello... pues... ¿no escribe uno para que el pensamiento perdure? ¿Entonces... está mal o está bien que un editor lo publique? ¿Es bueno o es malo que un lector acceda a los pensamientos más frágiles de sus autores preferidos? No sé. Ya no lo sé porque como lectora soy la primera en querer "saberlo todo". Por eso, a pesar de algunas cosas que explicaré a continuación, creo que No sé de ningún mundo mejor es una curiosa obra a tener en cuenta por todo lo que un lector de Bachmann e incluso un lector habitual de poesía puede obtener de sus páginas.

Este libro, decía, no es un poemario acabado sino una recopilación de textos fallidos, a medias, sin corregir, plagados de imágenes repetidas hasta la saciedad por la autora, para llegar, al fin, al perfecto verso. Imagino este "libro" y en mi mente aparece una habitación ¿de hospital? con cientos de poemas escritos a máquina esparcidos por el suelo. En estos textos se percibe a una Ingeborg mucho más pesimista que en otros poemarios, mucho más seca, directa, descuidada e incluso masculina. El tema que recorre todos sus textos es el de la soledad y la enfermedad. La poeta aquí es consciente de que está sola y moribunda y de que sólo puede confiar en esos seres blancos que la rodean -las enfermeras-. Se siente sin familia, se siente sin amigos, se siente completamente desamparada y borracha ¿os podéis creer que llegados a este punto la voz de nuestra misteriosa y dulce Ingeborg se convierte en la de una especie de Bukowski con vagina -o sin ella- tan solo un poco más delicado? Así es. La autora de No sé de ningún mundo mejor es una poeta sucia, vagabunda, una mente brillante encerrada en la desesperación de la antesala de la muerte, con el cuerpo lleno de heridas y de medicamentos. 

La fragilidad del poeta es curiosa. De la fragilidad de los poetas nacen verdaderas joyas. La fragilidad de Ingeborg Bachmann se desvela en sus obsesiones y repeticiones. Sin ir más lejos, el poema "Suave y quedo" es uno de los más repetidos del libro, y es aquí donde percibimos la impotencia de la autora: se pasa páginas y páginas intentando introducir esta simple expresión "suave y quedo" y no parece conseguirlo nunca... sin embargo, al lector cada vez le arropa más, cada vez le importa más adivinar dónde caerá "suave y quedo", qué es "suave y quedo", cuándo volverá a aparecer y por qué a nuestra heroína poética le hace tanto daño. La fragilidad de esta poeta es tan curiosa y reiterativa como aquella que poetas como Leopoldo María Panero desprenden. Frágiles y enfermos, sus voluntades sintonizan con las de quien nos los lee. Frágiles y enfermos, y vuelvo a Bolaño, o a Plath, por ejemplo, autores que de lo mental infectan lo corporal y viceversa. 

Pero Ingeborg no pretende dar pena. Ella quiere explicarse a sí misma ante la muerte. Quiere contarse a sí misma sus miedos y sus errores porque su aliento es el de la desesperanza. Enferma, en una cama de hospital, sabe que va a irse pero no sabe cuándo. Y es tan terrible la espera, se dice. Es tan reconfortante y extraña la luz blanca... Ingeborg no pretende dar pena porque los poemas que aquí encontramos no tienen otro lector que la muerte y ella. Por eso ha de ser fuerte. Por eso son tan bestiales y suculentos estos textos pornográficamente exhibidos ante nuestros ojos. Los que no quiso mostrar y sin embargo escribió para que voyeurs como nosotros también nos estremeciéramos... y eso es bueno... o... o no... Ya qué más da. 

14 comentarios:

Anónimo dijo...

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Hiperión dijo...

Los poetas se desnudan el alma en cada verso y en pelotas nos miran y nos dicen hola. El placer es mutuo. La muerte no existe si se comparte. Todo es vida. Hola.

Juan Carlos Ventura dijo...

Sinceramente, no he leído nada de Bachmann, pero gracias a tu crítica, me han dado ganas de correr a buscar algo de ella, aunque a esta hora (3:12am) por aquí por Barcelona no creo que haya ninguna tienda abierta dónde comprarlo.

Acerca de la pornografía del alma, que tan bien has descrito, estoy de acuerdo en que de ciertos autores se ha publicado demasiado texto "post-mortem", que en muchos casos pienso yo que no debería estar al alcance del público por respeto a la privacidad. Esto me cabrea especialmente en el caso de la publicación de diarios personales y de correspondencia privada. Si más de un autor (o autora) pudiera levantar la cabeza y ver lo que han hecho con sus intimidades, algún asesinato más hubiera ocurrido en la historia. Me viene a la cabeza Frank Kafka, Tolkien, o en el mundo de la música, Kurt Kobain o Jim Morrison. Por eso encuentro más que acertada tu expresión "Pornografía del alma".

PD: Yo también he consumido más de una vez este tipo de porno. El morbo no conoce límites. Jajaja...

Layla dijo...

después de tus últimas entradas voy a tener que hacer una visita a la biblioteca. o directamente entrar con un subfusil, porque no me van a dejar llevarme tantos.

Álvaro Domínguez dijo...

Yo me paso el día escaneando la correspondencia personal de un artista fallecido, y tengo que decir que a veces me sobreviene la sensación de estar haciendo algo inapropiado. Pero es lo que tiene la vida de un artista, que tras la muerte de la persona, el personaje pasa a ser propiedad de la historia y de aquellos consagrados a su estudio. En cualquier caso, y pensándolo fríamente, una vez fallecido, la lectura de sus cartas no me parece más pornográfico que la de sus obras publicadas. El proceso artístico se basa en el exhibicionismo; el interés por el artista no es más que curiosidad morbosa.

Sr. Silencio dijo...

A mí me cuesta mucho comprar o leer un libro publicado después de la muerte de un escritor. Con Bolaño, por ejemplo, me pasa. Que algo se publique sin el consentimiento del autor me parece casi inmoral, alimento para pornógrafos, una traición. Yo quiero leer lo que el escritor quiso que fuera leído o lo que el escritor pensó que estaba preparado para ser leído.
Eso sí, disfrute como un cerdo leyendo los diarios de Susan Sontag. Así somos.

Antonio Martínez Jover dijo...

Al final, la trascendencia de lo que se escribe o no se escribe nunca es la que hubiera deseado el que escribe. O se le lee menos, o con demasiada atención, o no leemos lo que quisieron escribir sino lo que quisimos o supimos leer. Da igual lo que uno quiera: desde el momento en que haces pública una sola línea todo lo que has escrito y escribirás pasa a dominio universal, no es tuyo. Luego, el universo ya decide si te atiende o te olvida, qué de lo que has escrito merece o no, e incluso qué quisiste decir. Y su decisión no tiene por qué ser justa, ni moral, ni tan siquiera razonable.

Anónimo dijo...

luna, amiga, lo de suave y quedo es una traducción muy muy torpe de "mild und leise (wie er lächelt)" que es del tristán e isolda de wagner. no sabía si decírtelo porque igual te estoy deshaciendo un mito. pero es que de hecho es más bonito así. a ingeborg b. le obsesiona porque en realidad le obsesiona la música y por lo que tiene de mortal ese pasaje. es la muerte de tristán y, claro la de isolda. ella dice "dulce y calladamente sonríe". es tristán que se está muriendo en sus brazos. y luego ella dice "seht ihrs freunde" ("¿no lo veis amigos?"). yo creo que además ahí juega un pepel importante el grado de intimidad y el de la violencia que en esa intimidad juega el ámbito público, una obsesión y un calvario de ingeborg que de hecho la llevó a la tumba. pero de todas formas yo creo que ahí lo más trascendental es la posibilidad de belleza en una ópera, en la música, y cómo la música está al lado de la vida pero es inalcanzable. perdona la entrada tan larga y a lo peor pedante. pero es que el tema es apasionante. un beso grande. juanandrés

Anónimo dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=C9ivSZKPkhs
ésa es la escena con astrid varnay de isolda, que pone los vellos de punta.
más que mil palabras :) juanandrés

luna dijo...

Al contrario, todo lo que me cuentas es muy curioso :) Me encanta esa torpeza, por el momento, lo intercambiaré por la dulzura.

Mil besos!

Madame Psicosis dijo...

Todo mi amor a Ingeborg, a ti y a Juan Andrés por tanto amor a ella.
Pornografíar el alma de alguien a quien admiras creo que provoca tanto bien que no puede estar mal.
¿O sí?

Juan F. Rivero dijo...

Interesante Bachmann. La primera vez que la leí fue, por casualidad, en otro de los libros que ella tiene en Hiperión: "Últimos poemas".

Me gustaría saber qué piensas de Celan.

L dijo...

Gracias por el post, ¿conoces a María Emilia Cornejo? Te dejo algo de ella por si no... Saludos.

Soy
La muchacha mala de la historia
La que fornicó con tres hombres
Y le sacó cuernos a su marido.

Soy la mujer
Que lo engaño cotidianamente
Por un miserable plato de lentejas,
La que le quitó lentamente su ropaje de bondad
Hasta convertirlo en una piedra
Negra y estéril
Soy la mujer que lo castró
Con infinitos gestos de ternura
Y gemidos falsos en la cama

Soy
La muchacha mala de la historia.

Leticia Cortés dijo...

Tenía este libro entre los libros a comprar en la FIL del 2013. Lo conseguí. Y después no sabía de dónde había tomado la referencia o por qué lo había comprado. También de esta lista tuya tomé "El libro de Monelle" y nada, quería agradecerte por compartir tus lecturas, por acercarme-nos a Bachmann. Un saludo enorme, Luna.