19 marzo 2012

Aprender a rezar es aprender a amar es aprender a leer es aprender a morir.



Cuando un tema te obsesiona acabas encontrándolo en todas partes. Abres un libro y ahí está, escuchas una canción y ahí está, miras tu propio cuerpo, por dentro, y ahí está, inevitablemente, otra vez. Eso me ha ocurrido con una de las últimas novelas que he leído, Aprender a rezar en la era de la técnica (Literatura Mondadori, 2012) del portugués Gonçalo M. Tavares, un autor cada vez más reconocido en Europa y alabado por otros escritores de la talla de António Lobo Antunes o Ernrique Vila-Matas. De él conocía alguna otra cosa pero nada me había emocionado tanto como esta novela.

Aprender a rezar en la era de la técnica es especial tanto en fondo como en forma. Tavares aparenta facilidad a la hora de crear historias. Historias cortas que son a su vez historias largas y que se lanzan al abismo de los grandes temas (el honor, la enfermedad, el amor, la mentira, la muerte, etc) para resurgir victorioso, pues suyo es el don de las definiciones y de la descripción exacta como si antes de su palabra nadie hubiera dicho nada a propósito y fuera él el primero en descubrirnos los Grandes Temas del Gran Mundo. Así nos hipnotiza. Así nos trae la historia del repulsivo Lenz Buchmann, un cirujano reputado que se convierte en político y, perverso, nos demuestra lo terrible que es el poder, o peor aún: lo terribles que convierte el poder a los hombres . Pero la naturaleza manda sobre todas las cosas y Buchmann se convertirá en un ser aún más repulsivo de lo que era, pues una enfermedad caerá sobre él como una maldición y sólo los personajes a los que él consideraba débiles al principio serán lo suficientemente fuertes como para acompañarle durante sus últimos días. En este último trayecto Tavares nos presenta a un Lenz Buchmann oscuro y nauseabundo que casi recuerda a los relatos de Edgar Allan Poe, y, especialmente a aquel tan increíble (recuerdo a mi padre contándomelo en la cama y yo temblando de miedo) titulado La verdad sobre el caso del señor Valdemar. Esta imagen de un hombre decadente, casi deshaciéndose en una cama, moribundo, choca con la de la primera parte, en donde todo era lujo, inquina, grandilocuencia y conspiración. Porque la enseñanza de Tavares es esa: tan pronto estás arriba como abajo. Tan pronto eres el rey como el desecho. Tan pronto estás sano como muerto…

Gonçalo M. Tavares escribe de una manera poco común. No se trata de una literatura fragmentaria. Tampoco de una narración lineal. No se trata la suya de una novela convencional pero tampoco parece que el autor busque la originalidad, la forma vacía o la innovación brusca. Su relato está compuesto por una serie de notas inconexas aparentemente pero conectadas por una trama perfectamente dibujada con sus puntos de giro marcando un ritmo que resultará desconcertante para el autor.

El desconcierto que precisamente provoca Tavares es el desconcierto que los enfermos buscan en los libros. Esos pequeños pinchazos o puñetazos que conforme los lees, parece que trasciendan. Aprender a rezar en la era de la técnica es de esos libros que trascienden. De esos que te hacen sentir como si ante tus ojos pasaran las letras de un gran clásico. A mí me ha dejado fascinada... No dejéis pasar la oportunidad.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

http://doctorletra.blogspot.com.es/2012/03/edificaciones.html

http://noeliapalma.blogspot.com.es/

http://denochetodossomosdeneon.blogspot.com.es

Anónimo dijo...

Si te mola leer sobre el poder en política te recomiendo que veas "Los idus de Marzo", la última de Clooney.

dijo...

Un gusto, me tomo la extrañeza de comentar aquí porque me ha dado mucha emoción esta reseña. 

Me gusta esa palabra para hablar de Tavares: trasciende. Creo queda perfectamente.  Sí, parece que antes de su palabra nadie hubiera dicho nada.

Me es triste que la mayoría de su obra no la encuentras editada por acá en México.

Yo muero de la emoción cada vez que anticipo su lectura; y muero de la trascendencia cada vez que lo leo. 

Una reseña así, me termina de matar 
(la anticipación y la emoción se extienden).

Gracias.

María Mercromina dijo...

Es genial, me encantó.