17 febrero 2012

La Biblia de Monelle.




one day you see a strange little girl look at you

one day you see a strange little girl feeling blue

The Stranglers


Si me preguntaran por los nombres más grandes de la Literatura no dudaría en responder. Diría tres. Sólo tres. Dos de ellos serían reconocidos por todos, y el tercero (a mi juicio el más importante) les sonaría un tanto anónimo, quizá, por la ausencia de apellido, quizá, porque quien lo porta se denomina a sí misma “la que no tiene nombre”. No me refiero a tres grandes autores ni a tres grandes libros, sino a tres grandes protagonistas, heroínas, prostitutas y nínfulas: Dolores Haze, Alicia Liddell y Monelle. Hay en sus tres nombres una sobredosis de eles que provoca entre repulsión y ternura, una sobredosis de azúcar y éxtasis: Lolita-Liddell-Monelle. Hay en sus tres cuerpecitos el rastro de otros tres cuerpos oscuros y enormes: Nabokov, Carroll, Schwob.

De estas tres nínfulas, decía, Monelle podría ser a primera vista la más desconocida. Sin embargo Monelle también es la más amada, las más deseada, la más parecida a una bruja capaz de conceder todos los deseos del lector y de los hombres; o a una princesita de cuento de los hermanos Grimm, pues como en Las doce princesas bailarinas Monelle tiene once hermanas que la acompañan a lo largo de las siguientes páginas, hermanas tontas y sangrientas, princesas ingenuas y decepcionadas, amigas silenciosas y crueles... o bien, la ramera mágica del primer amor: ella es el desengaño y la pasión que nunca perece, como una huella de sangre de un beso infiel, como una voz bíblica, pesada, y el triste recuerdo de su decepción. Si según Borges los lectores y seguidores de Marcel Schwob constituyen pequeñas comunidades secretas (sin ir más lejos, él era devoto de su toda obra), los amantes de Monelle podrían ser los sacerdotes de esas extrañas sectas en las que la prosa oscura y la poesía macabra del autor sustituyen el Pan y el Vino, y en donde los iniciados deben recitar cada mañana los versículos de la primera sección, Palabras de Monelle, como si de Hombres-libro en Fahrenheit 451 se trataran.

Lo llamaremos La Biblia de Monelle, o como apuntó Ariel Dilon en el prólogo de la edición argentina: El evangelio de la inocencia y la piedad. Versículos, aforismos, nihilismo y anarquía en un texto apócrifo que se encuentra entre la voz de Zaratustra y la del Principito (aunque sólo si éste hubiera leído a Baudelaire, Rimbaud o Dostoievsky antes de salir de su asteroide B-612). Aquí cada cuento de la segunda sección, Las hermanas de Monelle, es comparable a los librillos contenidos en la Biblia cuyos personajes son casi siempre castigados para demostrar una moraleja divina, siendo en este caso la propia Monelle su máximo Dios, pues, en la tercera sección del libro es ella la que guía a los niños vestidos de blanco, con sus túnicas y sus pies negruzcos y descalzos: ¿quién no se dejaría llevar por esta diminuta paladina? ¿Eh? ¿Quién? Si como Diosa también nos miente, también nos seduce con inverosímiles historias y esperanzas: ella es la vendedora de lamparitas de aceite, y al igual que La pequeña cerillera de Christian Andersen, cada luz que enciende para nosotros no es más que un destello de ficción que poco a poco nos conduce hasta la muerte.

Un reino blanco. Un reino que no entiende de reyes porque sólo entiende de Monelle. Esta es la tierra baldía pero luminosa hasta donde “La Que No Tiene Nombre” nos ha empujado. Esta, la comunidad secreta a la que algunos de nuestros contemporáneos también han jurado (con sangre) pertenecer:

De entre el sudor, la oscuridad, el miedo,
el temblor sordo de la vida,
su dura confusión, su almacenar sombrío
surgió aquella niña, aquel rostro que busco
aquel recuerdo triste y esta luz que rescata
una tarde de 1850
aquella niña
y en la habitación vacía
(y ya era tarde)
yo cojo el azul
para ti
aguja que excava la carne que ya no siente
y ya era tarde
pero bajo la noche practicaron su arte.
Leopoldo María Panero


Se llama Louise. Es frágil, menuda y enfermiza,
silenciosa y abyecta. Casi no se la ve.
Sólo hay terror y angustia en los inmensos ojos
que le invaden la cara, dignos de Lillian Gish.
Luis Alberto de Cuenca


Un árbol te observa hacerte mujer desde el centro del universo. Y todo lo que tú quieres es su savia. Apoyarás los labios, como una profecía, en su corteza sangrienta y vieja. Renunciarás al cuerpo que amasaste con arcilla en tu ceguera.

Esa que veo en el mar, se va a transformar en atardecer.

Pero un día llegó por fin; tú, cara desfigurada, me dijiste: «olvídame, y te seré devuelta.»
Ruth Llana

Si me preguntaran por el nombre más importante de la Literatura, lo sé, dudaría en responder, porque habría olvidado su tormentoso apodo. Su difícil disciplina. Su destrucción o su amor. Su enseñanza y su Evangelio desaparecido.

Si me preguntaran por Ella... no lo pensaría dos veces...

Pero olvidadla.

Y volverá a ser nuestra.



***
Mi prólogo para El libro de Monelle, Demipage, 2012 ...la semana próxima en librerías.

16 comentarios:

Estrategias de Psicología dijo...

Gracias por descubrirme a Monelle.

Estrategias de Psicología dijo...

Gracias por descubrirme a Monelle...

Más claro, agua dijo...

El firme carácter de la L (Lolita-Lidell-Monelle).

El tierno sonido de la L (Lolita-Lidell-Monelle).

Como tú, LunamigueL, acurrucada entre dos L...

;-)

mono magnético azul dijo...

me gustas cuando escribes, por que estás como presente

Agustí Rocamora dijo...

Miro la foto. The Jam y The Clash, qué bien. Empiezo a leer. Flipo. Alicia Liddell es... ¿Prostituta, heroina o nínfula? ¿Sabes quién es, acaso? El motivo por el que ha pasado a la posteridad le viene de cuando era ¡Una niña pequeña, no puede ser ninguna de las cosas citadas! Por cierto és Liddell, no Lidell. ¿Ves como no te puedo tomar en serio por mucha buena voluntad que le ponga?. Los autores más grandes de la historia son Homero, el Yahvista, Dante, Shakespeare y John Keats. Mujeres Safo, Jane Austen, Emily Brontë, Emily Dickinson y Virginia Woolf. Ala, palos tuyos y de tus amigos por las vias ordinarias. Afectuosamente...

luna dijo...

Agustí. Siento la errata, he visto que en el libro está corregida. Mi texto es una versión de word anterior.

Por otro lado parece que eres tú el que no tiene ni idea de quién es Alicia (ni la obsesión pederasta de su autor), ni de lo que es una nínfula, ni de lo que es la niñas-prostituta Monelle.

No vengas aquí a decir chorradas.
Ahora corrijo la errata.

Mariano Cruz dijo...

Schwob es un grandísimo autor: La cruzada de los niños

Agfustí Rocamora dijo...

Una nínfula es una joven de entre diez y catorce años que a pesar de su juventud ejerce cierto atractivo irresistible sobre algunos hombres maduros. Una adolescente pre-desarrollada, pero en ningún caso una niña. Lewis Carroll conoció a Alice cuando esta tenía siete años.
Por otra parte, han corrido rios de tinta sobre la fascinación que sentía el matemático por esta niña, pero jamás la molestó ni expresó ningún deseo sexual a nadie que la historia haya recordado. Si sentía alguna afición pederasta hacia ella, se la guardó en lo más profundo de su alma toda la vida, por lo tanto, hablar de obsesión pederasta es faltar al respeto al gran hombre que fué. Pensar no es delito. Y ni siquiera sabemos lo que pensaba.
No trates de competir conmigo porque no me vas a ganar. te llevo 23 años de ventaja. Debo de haber leido algo más que tú.

luna dijo...

Esto no es ninguna competición ni ningún DNI en donde las fechas de nacimiento importen, lo digo por tu comentario hacia nuestros "años" y por los "años" de las nínfulas.

Monelle no es una adolescente pre-desarrollada ni es una niña. Es una puta niña. Una niña puta. Y se parece tanto a Alice como a Lolita.

Pensar no es delito. Que un hombre ame a una niña tampoco. Y Alicia es tan amada por su autor como Lolita y Monelle por los suyos.

Lee y entenderás.

Sergio Ramos dijo...

Nabokov está sobrevalorado, pero he leído Lolita un par de veces. Amis es bastante fan. Prefiero Twain, Hemingway, Melville, Miller, Lorca, London,etc. lo que sea menos Dostoyeskis. Por cierto, si algún día se te ocurre besarme,así de repente, tendrás que haber leído antes la autobio de Buñuel, en francés.

Anónimo dijo...

madredediós, que plasta eres.

la predestinada dijo...

bien, bien :)

Layla dijo...

yo pertenezco a la secta de adoradores de Monelle, y joder, ya era hora de una edición en condiciones, que la de Hiperión es un poco horrible, sobre todo por la portada. Siempre he pensado que Schwob se merecía algo mejor.

yo también tengo unas cuantas L en el nombre

ac dijo...

¡yo también las veo jugando juntas (a las as 3), dándose la mano!
Gracias por poner aquí el prólogo. Deseando ver la traducción. Una buena idea la reedición, parece que no está agotadas las otras ediciones pero no se encuentran, ni la de hiperión... creo que sólo está en librerías la ilustrada, pero prefiero a monelle y sus hermanas sin cara. Es increíble q el texto anda por la red, pero lo necesitamos en papel... por lo menos yo. Mil gracias, pues. Ana.

(Ya estoy haciendo documento con tus entradas "lolita o monelle" para imprimir&adjuntar al libro q me compre...;D)

ac dijo...

yo intento no leer nada sobre los autores ni los textos (bastante daño me ha hecho ya estudiar filología ;P) antes de enfrentarme a un texto. Nabokov me ha sorprendido gratísimamente. Qué tío. Es sólo después de enamorarme de ciertos libros que busco qué humano pudo hacer eso y cómo! en cuanto a las nenas pienso como Luna: importan ellas, personajes, no de dónde salgan de la realidad. Y las tres son niñas salvajes, cada una a su manera.

Anónimo dijo...

Estoy leyendo el libro y en la página 27 hay una errata repetida dos veces en la misma frase: donde dice "revélate", entiendo que debería decir "rebélate" (contra todo trabajo, contra toda actividad). ¿Estoy en lo cierto? ¿O está justificado ese uso verbal? ¿Cuál es el término en el texto francés?
Un saludo y enhorabuena por la edición.