11 agosto 2011

La sexta hermana de Monelle (un cuento).


Leonor Fini
Cinco anillos de oro
(La fiel)     

    El prometido de Jeanie se hizo marinero y ahora ella estaba sola, completamente sola. Escribió una carta y la selló con su dedito, y la lanzó al río, entre las largas hierbas rojas. De este modo llegaría hasta el Océano. Jeanie no sabía escribir muy bien, pero su prometido la entendería porque la carta era de amor. Y esperó durante mucho tiempo una respuesta del mar aunque la respuesta nunca llegó. No había río que le uniera con él.
    Un día, Jeanie se marchó en búsqueda de su prometido. Miraba las flores del agua y sus tallos inclinados. Todas las flores se inclinaban hacia él. Jeanie, mientras caminaba, iba recitando: «en el mar hay un barco, en el barco hay un camarote, en el camarote hay una jaula, en la jaula hay un pájaro, en el pájaro hay un corazón, en el corazón hay una carta, en la carta hay algo escrito: Amo a Jeanie. Amo a Jeanie está escrito en la carta, la carta está en el corazón, el corazón está en el pájaro, el pájaro en la jaula, la jaula en el camarote, el camarote en el barco y el barco está muy lejos, en la inmensa mar.»
    Y como Jeanie no temía a los hombres, molineros polvorientos, que la veían dulce e inocente y con un anillo de oro en el dedo, le ofrecían pan y le dejaban acostarse entre los sacos de harina, con un beso blanco.  
   Y así, atravesó el país de las altas montañas y la zona de los bosques bajos, y las llanas praderas que bordeaban el río cerca de las ciudades. Muchos de los que albergaban a Jeanie le daban besos, pero ella nunca los devolvía, porque los besos infieles que las amantes devuelven se quedan marcados en las mejillas con rastros de sangre.
   Llegó a la ciudad portuaria donde embarcó su prometido. En el puerto buscó el nombre de su navío, pero no lo encontró, pues el navío fue enviado al mar de América, pensó Jeanie. Calles oscuras y oblicuas bajaban a los muelles desde la parte alta de la ciudad, algunas adoquinadas con acequia en el centro, otras, escalonadas con losas antiguas.
     Jeanie descubrió casas pintadas de amarillo y azul con cabezas africanas e imágenes de pájaros de pico rojo. De noche, grandes farolas bailaban ante sus puertas donde acudían hombres que parecían ebrios.
    Jeanie pensó que eran las pensiones de los marinos que regresaban del país de las mujeres negras y los pájaros de colores. Tuvo el deseo de esperar allí a su prometido, en una de esas pensiones que probablemente guardara el olor del lejano Océano.
    Levantó la cabeza y vio los cuerpos blancos de mujer, apoyados en las ventanas enrejadas, tomando el fresco. Jeanie atravesó una doble puerta que daba a una sala con suelo de ajedrez donde posaban mujeres medio desnudas en sedas rosas. Al fondo de la cálida penumbra un loro movía lentamente sus párpados. Sobre la mesa aún quedaban restos de espuma dentro de tres grandes vasos alargados.
   Cuatro mujeres rodearon a Jeanie, riéndose, y ella se fijó en otra, vestida de oscuro, que cosía en una salita.
    —Es de campo, dijo una de ellas.
    —¡A callar! dijo otra, ¡no digáis nada!
    Y todas juntas se le abalanzaron:
    —¿Qué quieres beber bonita?
    Jeanie se dejó engatusar y bebió de uno de los vasos delgados. Una mujer gorda se fijó en el anillo.
    —¡Mírala! ¡Si está casada!
    Todas repitieron al unísono:
    —¿Estás casada, bonita?
    Jeanie se puso colorada, no sabía si estaba realmente casada ni cómo tenía que responder.
   —Yo conozco a esta clase de casadas, dijo una. Yo también, cuando era pequeña, cuando tenía siete años y no llevaba ni ropa, fui desnuda al bosque para levantar mi iglesia y los pajarillos me ayudaron a construirla. El buitre arrancaba la piedra, el palomo la tallaba con su gran pico y el jilguero tocaba el órgano.Esa fue toda mi boda.
    —Pero esta ricura lleva su alianza, ¿no?, dijo la gorda.
    Y todas juntas gritaron:
    —¿De verdad es una alianza?
    Entonces besaron a Jeanie, una tras otra, y la acariciaron, y le dieron de beber, y hasta consiguieron hacer sonreír a la mujer que cosía en la salita.
    Mientras tanto, un violín tocaba delante de la puerta y Jeanie se quedó dormida. Dos mujeres la llevaron con cuidado a la cama de un cuarto pequeño.
    Después, todas juntas, dijeron:
    —Hay que darle algo. ¿Pero el qué?
    El loro se despertó y cotorreó.
    —Yo os lo diré, propuso la gorda.
    Y les habló, y habló largamente, en voz baja. Una de las mujeres se secó las lágrimas.
    —Es cierto, nunca hemos tenido una, dijo la mujer.
    Ella nos traerá la felicidad.
    —¿En serio? ¿Ella para nosotras cuatro?
    —Le pediremos permiso a Madame, dijo la gorda.
   Y al día siguiente, cuando Jeanie se marchó, tenía en cada dedo de su mano izquierda un anillo de compromiso. Su prometido estaba muy lejos, pero ella golpearía su corazón con los cinco anillos de oro para entrar en él.


Autor: Marcel Schwob
Trad: LM
He seleccionado uno de los mejores cuentos de El libro de Monelle como adelanto a la publicación del libro. Los que ya lo conocéis veréis ciertos cambios en el título y cierta libertad en la traducción. Hace poco pregunté a unas amigas poetas qué hermana de Monelle serían, ninguna escogió ser la fiel. Pero claro. ¿Quién quiere ver atravesado su corazón?

22 comentarios:

Anónimo dijo...

Te recibo... Di dime!

aleskander62 dijo...

Estoy ahora con Roberto Bolaño: 2666. Una novela muy recomendable.
También Murakami:1Q84.

Anónimo dijo...

"Un día, Jeanie se marchó en búsqueda de su prometido". Quedaría mejor "en busca" mejor que "en búsqueda". Eso creo al menos yo. No sé.

Anónimo dijo...

"Todas las flores se inclinaban hacia él". ¿Hacia quién?

Anónimo dijo...

Eso no es nada -ya había que habérselos leído- pero el libro de M, qué... ojito, ¿no?. Yo estoy medio acojonado... Monelle GO!

luna dijo...

Este es el cuento corregido. Gracias, de todos modos, por el interés. "Él" es el amante hacia el que ella va por el camino.

Anónimo dijo...

jugar, para una niña caprichosa a la que nadie es capaz de meter en cintura, debe ser como ofrecerse para la ciencia. Bueno, siempre está la cultura, nunca se acaba, y las poetas tienen que aprender que la poesía viaja sola, que la poesía necesita sosiego. Ni una princesa más altiva, ni un felino más libre, ni más hermosa la libertad.

Anónimo dijo...

NO, no... -En búsqueda- suena mucho mejor. Anónimo: sosiego.
Yo creo que tú preferías: en búsqueda y captura... vs.
PD: inclinadas... hacía tí o. hacía mí...?

Anónimo dijo...

Es que en el original las flores se inclinan hacia ella, no hacia él.

luna dijo...

Et toutes les fleurs s’inclinaient vers lui.

Anónimo dijo...

Eso depende de por dónde te pongas, listo... ja ja. Eres un encanto.

Anónimo dijo...

¿listo?
bah, es la fama no soy yo.

Anónimo dijo...

I wanna cum on your translated tale

Olalla H. Ranz dijo...

a mí me pareció precioso el cuento, la verdad.

Anónimo dijo...

Los cantos desacostumbrados en los libros índice siempre de escaparatismo bibliotequil.

Nana dijo...

Casi estoy por comentar como anónima por aquello de no desentonar, y tal...

Anónimo dijo...

Y por qué J. no sale volando a buscarlo... Que se explique Jeanie. Ni septiembre 2011 ni leches.
M.

Layla dijo...

Jeanie tampoco es mi preferida, no la elegiría a ella de entre todas las hermanas de Monelle.

Y creo que las traducciones personales y libres son las mejores, aunque son más arriesgadas y más exigentes. La tuya tiene buena pinta.

Anónimo dijo...

lucy in the sky with dyamonds? bruselas?

Anónimo dijo...

Hola, Luna. Soy tu enamorado anónimo. Te "regalo" este corazón...

http://2.bp.blogspot.com/-V7_oqaO1K6s/TVreBTf_BzI/AAAAAAAAAjA/PSG85vd41ag/s1600/serendipia+II.jpg

Es de Ale Acosta, una ilustradora que te encantará.

Anónimo dijo...

Capullo.

Anónimo dijo...

¿Dónde puedo terminar de leer esta historia?