26 septiembre 2010

La literatura es una enfermedad, otra vez.


La literatura es una enfermedad, eso ya lo hemos dicho. Pero la literatura también es una terapia. Un modo para extender la epidemia. Un motivo para curarnos, sanarnos, enfermarnos y volvernos a curar. Ayer coincidí con David Leo García, nuevo vecino en Madrizentro. Me gusta leer a David. Llevo leyendo a David desde los 15 años y cada nueva noticia o poema que recibo de sus manos es una sorpresa. Ayer, como digo, coincidí con él y me entregó el último cuaderno que el Ateneo de Málaga le ha publicado. No he dejado de leer desde entonces el primer poema de Terapia. Me pareció fabuloso. Me pareció fantástico. Y después de que los Mormones nos despertaran esta mañana en House of Valparaíso para intentar vendernos de nuevo no sé qué cosa de Dios lo primero que he hecho ha sido releerlo. El primero, sin duda, me parece el mejor poema de la plaquette. El primero, sin duda, me parece el más hermoso conjunto de versos que he leído del poeta malagueño. ¿Nos persigue la enfermedad? Pienso. ¿Nos persigue? Si Lasky habla del coma diabético como muerte más hermosa y Litvinova asegura que nuestro siglo es el peor siglo para morir. ¿Nos persigue la enfermedad? ¿Por qué es tema fetiche? ¿Nos persigue el suicidio? ¿Por qué nadie se suicida? ¿Por qué? El otro día Ibrah y yo vimos Contra la pared de Fatih Akin, película donde los personajes decidían suicidarse no suicidándose porque esa era la mejor manera de ayudarles a seguir viviendo. ¿Estamos locos? ¿Somos jóvenes o estamos locos? ¿De nuevo el die young stay pretty...? ¿De nuevo eres el mejor momento para morirme? Aquí copio el poema. Aquí, amigos, la única medicina:

Dígame un color. El verde. Otro. El verde.
Una parte de la casa. El aire.
Una pregunta. La pregunta. Un escritor.
El misterio. ¿Qué asocia con un pájaro?

El misterio. ¿Y con un pájaro?
La infancia. ¿Y con qué césped?
La infancia. Dígame un color.
No lo sé. Un país. Casi todos.

Una enfermedad. Todas salvo la mía.
A qué ha venido aquí. Las… ya sabe,
las… qué le voy a decir, ya sabe,
lo de siempre.

Un instrumento de cuerda. El pentagrama.
Una parte del cuerpo. Los pulmones.
Una parte de la casa. El deterioro.
¿Un motivo para vivir? Alguno, el deseo.

¿Una enfermedad? La enfermedad.
¿Una cita célebre? “Claro que sí”.
¿Un motivo? Para morir. ¿Un motivo
para morir? Ninguno,
tal vez. El deseo.
David Leo García

19 comentarios:

J. dijo...

El hombre que fumaba sin fumar, David Leo García. Me acaba de dejar patiabierto y boquidifuso, reconozco.

Espero que organicemos otro gang-bang en el que poder confesárselo.

Anónimo dijo...

chulísimo, el poema.
y sí que muchos se suicidan, tal vez a ésos no los conozcáis.

un beso.

Anónimo dijo...

¿que nadie se suicida?
http://noticias.terra.es/espana/2009/1023/actualidad/suicidio-muerte-accidente-trafico-espana.aspx

luna dijo...

Sí. Ya sabemos que la gente se suicida.

Era otro tipo de pregunta la mía.

Humbert Humbert dijo...

Ya sabemos que existe un pacto tácito en la prensa para no publicar un número excesivo de casos de suicidios. Pero la pregunta era otra, claro.

Y para esa otra pregunta, quizá sirva algo de Cioran: "No vale la pena suicidarse: siempre lo hace uno demasiado tarde"

Jesús Garrido dijo...

estamos enfermos de literatura, el mal de montano de Quique Vila

Clément Cadou dijo...

Sobre la paradoja que plantea la película de Fatih Akin, ahí va esta cita de Cioran (que, sin embargo, tampoco ayuda mucho a seguir viviendo): "Los grilletes y el aire irrespirable de este mundo nos lo quitan todo, salvo la libertad de matarnos; y esa libertad nos insufla una fuerza y un orgullo tales que triunfan sobre los pesos que nos aplastan. Poder disponer absolutamente de uno mismo y rehusarse, ¿hay don más misterioso? La consolación por el suicidio posible amplía infinitamente esta morada donde nos ahogamos"
saludos.

Anónimo dijo...

madre mía, todo muy trillado...

Jorge García Torrego dijo...

La enfermedad nos terminará curando a todos de la vida.

Céfiro dijo...

Estupendo poema el de David. Tiene otra forma de escribir, otra literatura, otra forma de estar enfermo y quizás también. De morir.

Martina dijo...

Enfermos de poesía o la insoportable levedad del ser.

Emily dijo...

Deseo, literatura, enfermedad. Deseo. Lo que nos aboca a la muerte. Y tal vez, lo único por lo que merece la pena la vida.

J. dijo...

Ojalá leer los poemas visuales de ese anónimo al que el poema de David Leo le parece trillado.

Anónimo dijo...

Sería, querido J., no sé, algo así como un dibujo recuperando, por supuesto, la puta jerga.

Rubén Darío Carrero dijo...

Soy el suicida de siempre (a todos nos ha traicionado el mundo), soy el sidoso que duerme con la boca abierta, soy mi padre afuera y adentro de mi madre, soy el alma removiendo la nada en el viento que siempre es el último día, soy un mal abogado, padezco de Sol, solo, soleado, la piel es todo contra mis ojos y me siento doler en el placer de los instantes lentamente, uno a uno, mi cuerpo, no sé, supongo, me imagino. Se repite lo invisible, yo lo acepto.
La vida es la salud universal de los fantasmas y la literatura es un diagnostico ciego.

¿Hay cura?

Yo creo que no.

La poesía sólo nos hace desaparecer.

Anónimo dijo...

P.D.: Pájaro de tercer infinito escalón en la facultad de Historia al margen izquierdo desde la entrada y derecho hacia la salida, gafas hexagonales percutidas en marrón, cigarro aeronaútico, Muerte Mía, mentirijilla clásica bajo el anhelo de Panero en Festival Vengo de ¿Málaga?, ¿Granada?, sé que ahora te rompes pero de puro abismo doble de doble Te he visto volar en bicicleta funambulista Tú como Tú eres, sonriendo placebo y extremos nunca ñoños, en la tercera ¿verdes?, en la segunda ¿azules? plaquetas de vidrio Son, efectivamente, nuestros pasillos: Así es como mi cabeza en tu lectura de lo mío, así como yo voy contigo, de fiesta en detalle insignificantes, de merienda en merienda, de madrugada a madrugada y por siempre Aunque, Joder, espero que nos quede canela para mañana, mi amor, que he hecho vértice con el cuello en la despensa y no nos queda una puta mierda a no ser que vengas a abrazarme y me desmaterialices todo desde el barco de tu guerra, esa cueva tuya toda halógena Claro que te pienso Yo sin nuestra historia sólo soy el perrillo que ladra a la vida antiestadística Escucha: eres el cuarenta por ciento de mi ficción pero no quiero asustarte, amarte, asustarte, amarte de nuevo y perdernos entre las canas de las fábricas del extramuro para elaborar nuestros mensajes delirantes durante el resto que la noche devuelve a tu pecho, calidez robusta de beso impronunciado, descolorida magia, sombra de la torre de mi Babel Hasta aquí, como ves, se cuelan los tristes clásicos Pierde mañana un autobús por mí porqué y ámame, sin favor, ámame aunque sea desde el libre tal vez Yo que me habré ido a buscarte lejísimos, Yo que ya me voy, Yo que ya recojo mis papeles, Yo que ya extiendo nuestra alfombra de dos duros sobre este suelo de alquiler eterno fieltro verde rayo relámpago Eres Tú, Yo que ya Te Amo a la deshora del desayuno cuando tu pelo no hace más que tiritar, Yo que creo nuestro imposible en mi boca.

Anónimo dijo...

P.D.2: La metáfora "el barco de tu guerra" está empleada, lógicamente, con ironía: la trilladesca es puro esperpento literario.

Anónimo dijo...

No existen los suicidas. Están todos muertos.

Heliogábalo.

alex_72_jandro dijo...

Siempre creí que el suicidio era una especie de transición.

Leo demasiado como tantos otros, puede ser una enfermedad pero creo que simplificando se podría entender como el famoso iceberg "ese" de la conciencia y la inconsciencia de Freud, leer solo baja el nivel del mar.

Una maravilla el poema de Leo García;
¿Una cita célebre? “Claro que sí”