07 marzo 2010

(El comienzo de) La primavera.



Me dijo P. que los poetas tienen mucha suerte. Que los poetas escriben libros diminutos, vidas diminutas, así. Que sus obras completas no superan las trescientas páginas. Que qué suerte, sí. Que qué pena. Me dijo P. que la literatura estaba llena de enfermos. De enfermos con enfermedades venéreas y peludas. Enfermedades peludas. Enfermedades con pinzas. Me dijo P., antes de quemarse la lengua con un trozo de papel.

Me dijo D. que Roberto Bolaño conoció a P. en una isla desierta. Una isla llena de monos saltarines y de pájaros ciegos. Me dijo D. que nunca creyó a P. Me dijo D. que las palabras de Roberto Bolaño olían a jamón y a lluvia. Que sus ojos (los de D., quién sabe si los de Roberto) tenían el color de los de un gato miau. Y que era amante (él, quizá también Bolaño, quizá, fuck, P.) de las casualidades de los libros. De los poemas nunca escritos. De los charcos inmensos de Madriz.

Me preguntó. Me preguntó I. por el futuro ching. Me preguntó y le pregunté que cuándo juntos. Que cuándo los poemas se alargarían hasta la página mil. Me preguntó I. mientras le daba un sorbo al zumo de tomate. Te has pasado con la pimienta. Y al rededor no había nadie. Y I. escupió a la taza. Y de la taza emergieron preguntas. Muchas preguntas. ¿Quién lo sabe?, dije. ¿Tú lo sabes?, recordé. Jódeme, leí.

Pronuncié entonces. Dije. Predije. Porque mi vida no ocupará más de tres páginas. Porque cásate conmigo. Porque Roberto Bolaño nos vigila, allí, como una estrella distante, esperando la primavera.

16 comentarios:

Pernocta dijo...

patricio, roberto, ibrahim y john (fante).

besos

luna dijo...

casi!

Coco dijo...

Jajaja, qué trajín de historia.

Anónimo dijo...

Roberto boleño era un pesao.

luna dijo...

como usted?

Leonardo dijo...

Creo que a Bolaño (Roberto) le hubiera gustado y a Papasquiaro también y a los DS, a lo mejor andan todavía buscando, como Bolaño (Roberto) que se fue a ello y nos dejó el sabor de las preguntas, el regusto a las preguntas, a buscar sin encontrar, ¿cuántas páginas para no salir al final con nada? pero valía la pena, ¿cuántos kilómetros? Trescientas páginas o tres, la vida es una novela, no, es un cuento, no, es un poema, la vida es la vida y ya y punto y más vale tener buenas estrellas como Bolaño (Roberto).
Saludo (de uno que tiene una vida chirriquitica chirriquitica) y que saltó aquí desde Portinari con vértigo y todo.

Miguel Ángel Maya dijo...

...Las casualidades que llevan dentro los libros, más allá de las historias que llevan escritas los libros, creo que es lo que los hace mágicos...
...Es bonito que los libros sean como peonzas encendidas que entrechocan con nosotros...
...Roberto siempre iba despeinado y tenía unos ojos dulces como los de esos perros que sabes que siempre estarán a tu lado...

Anónimo dijo...

Eres esnob, no escribes mejor que mucha gente que he leído y no son escritores TODAVÍA… Qué pena me da la literatura española contemporánea si eres tú uno de sus baluartes… Humildad, humildad, humildad… repítela 100 veces a ver si aprendes algo.

luna dijo...

Por favor, anónimo. No venga usted también con ese argumento. ¿Por qué todos los anónimos vienen aquí con ese mismo discurso?

Sea humilde. O valiente. Firme con su nombre.

Sea educado.

No lea
si no le gusta.

¡¡¡Puede hacer tantas cosas antes que ponerse así con una tipa de un blog!!!

Querelle dijo...

Hola, Luna!!

¿Para cuándo una visita al sur, una presentación desértica, una enfermedad más localizada?

Besicos

luna dijo...

Hola querido!

Ya había visto tu blog y me encanta!

Lo cierto es que no sé cuándo bajaré. Tengo unos meses fatales. Y los exámenes en mayo. Y las recuperaciones en junio.

Ayyy!

Me gustaría tanto ir a Cosmo! pero creo que no va a ser posible.

Te mando un abrazo.

Anónimo dijo...

Luna, justo cuando ustLuna, justo cuando publicaba mi comentario anónimo sobre la humildad yo estaba haciendo un arroz basmati y pensando en el feo comentario que le he escrito, no lo merece, ni usted ni nadie. Lo lamento y pido disculpas, no le daré mi nombre porque jamás comento semejantes cosas, menos sin dar mi nombre… me avergüenza ese arranque de envidia y desprecio. No se volverá a repetir. Pero no debería referirse a sí misma como "una tipa de un blog". Es peyorativo, aunque valoro su reacción ante los comentarios negativos, no se rebaje.
Algo que si le puedo decir, porque tengo un poco más de edad que usted y ya pasé por donde está, es que a su edad se hacen muchas cosas que luego uno ve como inmadurez, y no está mal, hay que hacerlo, es el momento… pero hay mejores modos de usar la juventud que se tiene y las oportunidades, la humildad es un bien, es una falacia eso de que un escritor no debe ser humilde, la explotación de una pose egocéntrica -y yo lo he sido y lo sigo siendo- sólo se sustenta con buena literatura, con mucho aprendizaje y trabajo. Esto es un blog, no un libro, ya lo sé, y si no me gusta no debería leerlo, (obvio) pero le leo porque intento ver que hay detrás de esa precocidad suya que muchos admiran. Ya volveré en con mi nombre propio a comentarle cuando haya un post con sustancia que me inspire a ello. Saludos y siga escribiendo. Si es lo que le gusta nada la desanimará… Y por cierto, tener detractores es un punto positivo, es un signo de que no se pasa desapercibido, pero sigo insistiendo: Humildad y se ganará el mundo.

luna dijo...

Señor anónimo. Ese arroz me trae malos recuerdos.

En la red soy una bloguera, como todo blogger: alguien que tiene un blog. Comme ça. No creo que sea rebajarse a nada.

Y sí. Me gusta leer, escribir y trabajar: es lo que hago, y lo que seguiré haciendo.

Le mando, pues, un saludo.

Querelle dijo...

Pues este año el cosmopoética peligra. Voy a ver si puedo reunir unos días. Por Madrid paso en un par de días.

Hazte un calendario lunar.

PD: Saca el látigo, sacúdete los bolsillos

luckast0 dijo...

Un personaje interpretado por Woody Allen en un de sus películas decía aquello de "nunca te fíes de un conductor de autobús que va desnudo". Pues bien, el anterior anónimo es un conductor de autobús desnudo demandando humildad sin predicar con el ejemplo.

Y digámoslo claro por mucho que hiera el orgullo a esta gente: estos escritores fracasados desahogan habitualmente su envidia desde el cobarde anonimato a fin de eludir el claro ridículo que siempre terminan haciendo.

"¿Por qué todos los anónimos vienen aquí con ese mismo discurso?" te preguntas Luna.
La respuesta es: la envidia malsana que se les sale por las orejas.

Se puede discrepar y criticar de manera constructiva, por supuesto, pero es que esta gente demuestra siempre no tener ni una pizca de clase ni de estilo siquiera para ello. Y lo más grave es que se trate de aspirantes a escritores.

Y qué gran mérito también, Luna, permitiendo que se expresen libremente para dejar que se retraten por si solos sin perder nunca la compostura.
Y aunque no tienes el deber de demostrar humildad, -concepto por otro lado que me parece un tanto vacuo y relativo- tu actitud siempre comedida y tolerante ya consigue darles una buena lección de humildad y de clase.

Ermo dijo...

A partir de hoy tienes un lector más.

Me refiero a mí, claro.

Un saludo.