22 enero 2009

9. Fósforo policromado.


Helénica desata de su pecho el cinturón polícromo y bordado, aquel que encierra hechizos de todas las especies: allí se halla el amor, allí el deseo, allí el contacto tierno y el seductor consejo, el que roba la mente a los sensatos…*
De entre todas las vendedoras de fósforos la Helénica es la más delgada. De entre todas las pieles, la suya, aforismo continuo. Siempre envidié su rostro pálido, sus tatuajes, su voz enfermiza. De entre todas, Helénica es la mejor comerciante. Dirige un puestecillo en la calle Madera, allí vende poemas contenidos en folios de papel reciclado. Escoge tú el color y yo adivinaré un verso, susurra. También ofrece prendas usadas, tacones sin pareja, zapatillas incómodas y relojes de mujer.
Cuando conocí a Helénica, la amé hasta odiarla. Yo visitaba su puesto todas las tardes y ella me ignoraba. Un color. Verso adivinado. Un color. Verso adjudicado. A veces la espiaba y me ponía celosa al comprobar que con los otros clientes era más atenta. La primera vez que hablé con Helénica fue en el bar del Círculo, antes de un recital del viejo Reiner Kunze. Kunze, poeta alemán, casi no me acuerdo de sus poemas. De aquella tarde en el corazón de la Gran Cacharrería sólo recuerdo las manos de Helénica pasando páginas, poema por poema, a un folleto rojo que más tarde perdería en el metro.
Al acabar el recital y despedirnos, Helénica me prometió tardes de viento. Aquí no sopla como en el Sur, pero qué más da, podemos inventarlo. Ella asegura provenir de la misma zona desértica que yo. No la creo. Sin embargo es probable que de entre todos los fósforos de Madrid, sean los suyos aquellos que no bastan, aquellos que no alumbran lo suficiente como para reescribir sus ojos en mi cuaderno.

*Homero

3 comentarios:

Ministro de gasologia y desprendimientos improcedentes de aire dijo...

El viento apaga las cerillas en el sur. Desconfia, las vendedoras moririan aqui.

saturni_ana dijo...

Traguémonos los fósforos, lo mismo explotamos de fuego, de luz

luna dijo...

es una musa, querido ministro


y las musas hacen cuanto quieren con la luz

ellas
son
la
luz