08 octubre 2008

Catulo bajo la lluvia.

El lunes por la tarde mis nuevos compañeros de la Uni nos llevaron al tempo de Debod. Ana, Patricia y yo éramos las tres “extranjeras” del grupo mientras que Goyo, Guille y Jaime ejercitaron de guías turísticos. Estando tumbados en la hierba, hablando de Blade Runner, sonó mi teléfono; era Rebeca Yanke, periodista de El Mundo, quien ya me había hecho una entrevista hace unos años durante mi estancia en Niza. Quería quedar conmigo para otro reportaje en el que yo le recomendaría autores noveles interesantes. Decidimos vernos al día siguiente, si hace un día tan maravilloso como el de hoy, pensé, podremos hacer un montón de fotos.

Sin embargo el sol del lunes decidió esconderse bajo nubes pesadas de martes lluvioso. Rebeca me esperaba en Arrebato, librería de segunda mano del barrio de Malasaña, donde se venden también los libros gavieros. Rebeca me hizo algunas fotos en la sección infantil, me regaló un libro precioso de Catulo y luego la llevé a una cafetería de la calle Espíritu Santo en la que hasta hace poco mi amigo Fran Úbeda tenía expuesta una de sus fotografías.

Hoy Rebeca, en su diario Tribecca, ha colgado este texto que describe, analiza y poetiza la tarde de ayer de una manera fabulosa. Le doy las gracias y os invito a leerlo.

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La poesía no es únicamente el poema escrito, sino todo aquello referido a la vida cotidiana capaz de instaurar en su flujo monocorde un sobresalto por el cual es posible considerar la existencia como sorprendente y extraña, como un don singular que debemos apurar hasta el fondo. La poesía, entendida como poiesis, creación de mundo y sensibilización de lo que nos rodea, proporciona una vivencia inmediata, no intelectual sino anímica, desorientadora y por eso mismo, amplia.
(Situación de la poesía -por otros medios-, a la luz del surrealismo, Manuel Crespo)


Desde que mi vida es metaliteraria tengo bastante miedo de las metáforas. Son peligrosas en tanto que armadas de verdad. Si sigo haciendo caso de ellas, de las palabras o de su simbología, terminaré diciendo que también están cargadas de futuro; cosa que sospecho que está escrita ya. De lo que me he dado cuenta hoy es de que desde que las cosas son como son desde que las pongo por escrito, sucede que el futuro lo había dicho, que las cosas son en tanto que las escribo, que las metáforas se hacen realidad.

Por eso me duele una inquietante muela del juicio a los treinta años, porque en realidad tengo cinco y me están saliendo los dientes. Por eso llovía hoy, como diría un italiano, dapertutto. Me la anunciaron incluso; yo no la esperaba. Es mejor así. Llovía cuando llegaba a la librería el Arrebato y cuando Luna Miguel y yo salimos de allí. Llovía cuando tomábamos café en un recoveco de Malasaña, aún una terraza, como si la lluvia fuera metáfora, como si no importara, como si nada.

Llovía cuando apareció Izas, dejó un paraguas a mis pies, un paraguas negro, sobrio, de aspecto masculino, un objeto que siempre quise tener y, como nunca tuve, me tapaba con lo que en Bilbao se llama choto y capucha en otros lugares. Siempre me pareció mejor parecer un duende que llevar un paraguas demasiado evidente, un paraguas para sordos. Ya saben: chillón. Sin embargo hoy debería ser un día gritón, paroxista sobre todo, actividad un tanto trasnochada pero eficaz.

Paroxista, patafísica, surrealista. Como dice Breton de la belleza: convulsiva. Dice más el buen señor: La belleza será convulsiva, o no será. Inevitable. Como diría mi padre: impepinable. Razón: allá. Donde no sabe nadie. Lo que no está escrito. Sabe latín. Esta tarde le pedí a la poeta Luna Miguel que me dejara regalarle un libro. No se atrevía a elegirlo pero me dijo que quería algo de Catulo, que quería tatuarse su verso del gorrión, que la ilustradora Laia Arqueros iba a dibujárselo.

Catulo apareció, como la lluvia, cuando no lo esperábamos, envuelto en plástico, como si fuera él quien nos estuviera esperando. Luna me dejó regalárselo y yo encontré a Pedro Salinas. De El Arrebato debíamos salir las dos con un libro, y ambas nos llevamos lo que necesitábamos. Hace años que me hacía falta Salinas y apareció cuando debía ser, como sucedió siempre con Ángel González. La edición que he comprado está prologada por Jorge Guillén, ¿se puede alcanzar mayor perfección? Será por mi amor a la poesía castellana que me pueden las ganas de poner sobre la mesa un concepto del todo anacrónico como la justicia poética.

Pero fue así, de verdad que sí. Por eso ahora, en casa, no me extraña que en el otro libro que compré, Situación de la poesia (por otros medios), una edición del grupo surrealista de Madrid, se cite como referencia dinamizadora la revista Salamandria, que editaban los padres de Luna Miguel, ahora al mando de El Gaviero. ¿Cómo va a extrañarme? Nada me extraña ya, ésa es otra gran metáfora, ahora las señales, los azares que no existen pero se aparecen, las conexiones, lo inimaginable, lo maravilloso, lo visceral, lo real visceralista, me parece normal.

Hemos llegado a ese punto ya. Ese en el que el plural mayestático deja de ser metáfora, ése en el que me siento parte de un movimiento, algo que está sucediendo, algo que, va en serio, estoy viendo. Lo escribí en un reportaje del verano, decía así: "Bolaño se ha convertido en maestro de las nuevas generaciones, sobre todo de los noveles, nuevos detectives salvajes que pululan con sus libros en las manos y recitan consignas real visceralistas, 10 años después de la publicación del libro".

Y ahora estamos así, aquí, por eso anoche repetí la jugada, y en la misma librería de urgencia que cuando compré un Bolaño por vez primera anoche compré un ejemplar de los Detectives salvajes para regalar y, en el último momento, cuando avisaban por megafonía (ahora las librerias son asi) de que iban a cerrar, me llevé impulsivamente Realidad y deseo, de Luis Cernuda, también para regalar, porque ese libro, por fortuna, me lo regalaron este verano a mí. Y ahora estamos así, sigue lloviendo y me parece la mejor música para escribir, pero esto ya lo habrá dicho alguno, posiblemente Eric Satie, que somos todos, como ustedes ya saben bien. Y pululamos con los libros de Bolaño en la mano, recitamos consignas real visceralistas, surgimos como un triángulo en llamas. Hemos decidido resistir.


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12 comentarios:

el lector dijo...

http://www.joanmargarit.com/cast/poemes.htm

(por cierto,la física de partículas desmiente que el futuro esté escrito..., por lo menos un sólo futuro, un único futuro)

Óscar Santos Payán dijo...

Qué hermoso, Luna. Como los próximos futuros.

Anónimo dijo...

:)

Anónimo dijo...

:) por TJ

u minúscula dijo...

me dan escalofríos!!!

josepayan dijo...

:)

u minúscula dijo...

falta un párrafo luna, ya sabes que escribo siempre demasiado. es el primer post en tribecca
besos, bella

u minúscula dijo...

Sí, quiero el 16! Lo de Buk igual es más fácil un finde. Mi casa es tu casa. Mua!

estibalizes dijo...

la lluvia, el arrebato... todo eso lo preparó Catulo para ser encontrado

él y Safo se comen a mordiscos la Antigüedad

Julio Castelló dijo...

Me inquieta ver como los grandes siguen siendo grandes. Los mismos.

Julio Castelló dijo...

Curioso, hoy he comido con la productora de Arrebato (la peli de culto).

Rubén Pérez Trujillano dijo...

"No escribas poemas de amor / a la desconocida / porque ella te hablará desde tus versos / hasta que te apresen sus ojos"

Joan Margarit.