10 septiembre 2008

Sostiene Luna.


Ayer no cené mucho y esta mañana he tenido que levantarme a tomar un zumo. Es lo que ocurre cuando eres diabético y no cenas mucho. O al menos es lo que me ocurre a mí. Al acostarme sé que el azúcar comenzará a desaparecer de mi cuerpo y deberé ir hasta la cocina para inflarme de azúcares rápidos. Ayer. No cené mucho. Fui al cine con Pablo a las seis de la tarde. Vimos dos películas por segunda vez. Hellboy y Batman. Quizá porque necesitábamos ver a esos héroes-antihéroes que nunca vendrán a salvarnos. Hay que ser valiente, me dice Pablo. Hay que serlo. Y ayer no cené mucho. No. Cené palomitas dulces pegajosas que se quedaban pegadas al fondo del cartón. Salimos del cine a las doce. Me acompañó a casa. Buenas noches, dije.
Esta mañana, como era previsible, me he tenido que tomar un zumo de piña. Cuando no tienes azúcar el cuerpo te tiembla, e incluso a veces te encuentras muy mal y te dan dolores de cabeza. Es curioso ver cómo un minúsculo zumo de fruta amarillenta te devuelve la vida conforme va bajando por tu garganta. Era previsible que me levantaría. Sin embargo mis padres, que ya estaban despiertos porque ellos sí han empezado a trabajar, se han pegado un susto enorme al escuchar mi puerta abrirse y al verme aparecer como un zombie, arrastrándome por el pasillo hacia la cocina. Como dentro de quince días tu puerta se abra y aparezca un zombie, entonces sí que nos vamos a asustar, dijo riendo mi padre. No entendí la broma. Tomé el zumo y me acosté de nuevo.
Son las doce y media. Me gusta aprovechar las vacaciones al máximo y dormir todo lo que pueda. Son las doce y tengo vagos recuerdos de lo sucedido esta mañana. Tomo café. Hago la cama. Miro a mi alrededor, hay un palo de cortina, hay una maleta, hay libros amontonados y posters y un habitación que me cuida y que, pese a estar en ella, ya echo de menos. Claro, a eso se refería mi padre. Muy pronto esta zombie que escribe y que no acierta aún a ponerse las lentillas, se irá de esta casa. Muy pronto. Y ya es la una. Pienso en las palomitas y en Pablo. Hago fotos de lo que hace seis años era mi nuevo cuarto. Remuevo la maleta para tener que volver a hacerla y miro por la ventana, para ver los restos invisibles de la tormenta. Quiero irme ya. No quiero irme. Sí. No. Mi querida habitación. Qué héroe vendrá a custodiarte. Tienes que ser valiente, dice siempre Pablo.

13 comentarios:

Violeta Jiménez dijo...

Lo serás, seguro. ¡Ánimo!

Leo Zelada Grajeda dijo...

"Lo que no te destruye, te fortalece"

Nietzsche

María S. dijo...

Este año todos os vais a Madrid. Lo que yo no esperaba, y me enteré hace poco -demasiado tarde-, es que mi hermana también. Ya está allí. Es terrible ver un cuarto vacío.

Pero ánimo; aunque como crezcas más (no literalmente, claro xD), no vas a caber en el mundo.

Nano dijo...

La experiencia me dice que volver será más complicado que marcharse.

Buen texto y buen blog. Enhorabuena.

joseantonio dijo...

Frío. Me quedo frío al pensar lo mismo que tú. 11 años en el mismo cuarto. 11 años con los mismos amigos (o casi los mismos). Mi habitación bien podría dar cuenta de mis lágrimas, de mis sonrisas, de mis celos y de mis desequilibrios.
Yo también soy de esos que nacieron en el ´90 y que dejan su casa atrás para emigrar.

No sé la razón pero ha sido hoy el día en el que me dirijo a tí después de tanto tiempo leyendo tu blog.

Mucha suerte en el viaje. Aunque a veces lo más duro sea volver.

irosvamp dijo...

No te conozco de nada y esta noche he soñado contigo. Y con tus padres. Me invitabas a una casita muy acogedora, la casa estaba en una feria, había mucho alboroto y juerga.
Pero no tenías el pelo tan largo, todo lo contrario, apenas te llegaba a la oreja y estaba un pelin ondulado. Cuando llegaba, tus padres y tú os teníais que marchar. Y se ha acabado el sueño.
Era muy temprano.

Cambio.

Mi madre tiene diabetes también. Se de lo que hablas. Tiene la tipo 1, las más jodida creo. Algunas noches me despierta y me dice que le suba un zumo o galletas porque le está dando "el bajón". Le dan calambres en los dedos en esos momentos, menos mal que duermo junto a ella y puedo "salvarla". Pero...¿Quién lo hará cuando yo marche?. También le dan dolores de cabeza, hay días que se los pasa enteros en la cama y a oscuras. O cuando sale de viaje y se da cuenta que se le olvidó la insulina y todos sus "cachibaches" en casa y tiene que volver...

Tienes que ser valiente.

luna dijo...

Buen viaje JoseAntonio y gracias por visitarme.



Irosvamp. Gracias tambien por el sueño. Cuantas veces he olvidado la insulina en casa!!!

PilArt dijo...

Hola, Luna,
es la primera vez que visito tu blog; he accedido a él por una casualidad de parchís. Enhorabuena por tu blog! Intenta mantener tu ilusión intacta, todo lo demás lo irás aprendiendo. Un saludo!

ana dijo...

Mujer, vas a estar muy bien acompañada.
Un besote.

a p n e i c a dijo...

¿dónde vas?
buen viaje

yo todavía no he llegado

M dijo...

Y aquí tienes apoyo, y amigos, y vino y luz esperándote.

:)

josepayan dijo...

es la primera vez que entro en tu blog, espero que estés bien en tu habitación que viene a ser como tu hermita, yo pensaba cuando tenía una así llena de posters y libros, cada vez tengo menos pero me acuerdo de todo aquello. en fin no se si solamente ibas a la calle después de la resaca o a otro lugar, saludos. y suerte donde estés los lugares no son muy diferentes unos de otros, tal vez las personas aunque tampoco... salud. ( este comentario se pierde por aquí, supongo que la entrada es de hace mucho tiempo)

Nacho Montoto dijo...

Tú eres muy valiente, Monelle!