24 agosto 2015

Primera noche y karaoke en Shibuya.

el sexo con amor no existe
Inio Asano

te lames los dedos y me los metes haciendo
pequeños círculos que no duelen
te sabe la boca a alcohol de 30.000 yenes
yo hace tiempo que no bebo
pero entiendo la euforia de esta primera noche
en la ciudad iluminada cantando depeche mode
y pitbull como si alguna vez hubiéramos sabido
de memoria todas estas cosas otra copa por favor
dices por un teléfono dorado y una camarera nipona
nos sirve varios vasos que en verdad nunca pedimos
qué más da si en la pantalla las palabras se suceden
en un idioma u otro tu risa me hace creer en nosotros
mi risa me hace creer en que después de todo
en que después de todo en que después
pagamos en efectivo contando las monedas despacio
el sonido del metal sobre el suelo me recuerda
los días de ebriedad cuando queríamos ser felices
pero sólo estábamos aprendiendo una canción
me gusta esta ciudad su olor a salsa de soja
o neumático quemado su olor a humedad
o colonia de frutas en cuellos blanquísimos
sudados ahora y listos para el amor
en el hotel tu aliento a alcohol de 30.000 yenes
penetra dentro de mí haciendo pequeños círculos
caemos rendidos al colchón pronuncio jet lag
pronuncias algo que no recuerdo aunque imagino
—si nada da miedo si esto funciona
diremos con emoción que todo empezó aquí


Shibuya, Tokio
26 de julio de 2015

23 agosto 2015

Lluvia de Kyoto.



si te digo la verdad la belleza del templo de oro
no me importa
esta es la ciudad de la calma la capital de la luz
en la que cada calle esconde un lugar sagrado
y cada gota de lluvia podría lavar nuestros sueños
hoy te enfadas por algún motivo simple
si te digo la verdad me gusta mucho enfadarme contigo
porque cuando me enfado contigo no me acuerdo
de las cosas que antes me ponían triste
como que mi padre vuelva a casarse
como que mi vientre se burle vacío
como que no quede dinero para ir más lejos
o como que ahora nos encontremos en un parque
donde todo es lluvia y furia
y los monjes ya no cantan por temor a ahogarse
me regalas un paraguas de 500 yenes
es transparente y se parece a los que llevan tímidas
entre sus brazos las heroínas manga de la adolescencia
el plástico nos protege de camino al ryokan
en la habitación tú cierras los ojos y yo pataleo
aún así nos hacemos fotos divertidas con kimonos
si te digo la verdad la belleza de Kyoto me hace daño
aquí todo es tan silencioso que las bicicletas
son tanques que los gatos callejeros hacen temblar
la tierra que los bebés hambrientos en carritos
despiertan el paisaje con su llanto
en los charcos polillas empapadas agonizan
la lluvia que no lava sueños
también puede ser metralla


Maruyama Koen, Kyoto, 
29 de julio de 2015

16 agosto 2015

Estanque de nenúfares en el parque Ueno.

mariposa del jardín
el bebé asombro del vuelo
él otro asombro
Kobayashi Issa



“diferencias entre polilla y mariposa”
el buscador de google me lleva a una galería
de imágenes que dan miedo
“polilla gigante Japón” tecleo otra vez
para adivinar qué es aquello que he visto
muerto entre la maleza del parque Ueno
y su lago repleto de peces naranjas
“las polillas pueden ser bonitas”
escribo desesperada en la habitación del hotel
con el aire acondicionado al máximo
y las piernas en alto mientras tú duermes
“las polillas se parecen a las mariposas”
hemos hecho el amor en silencio
tu sexo se escondía en mí como la libélula
en el nenúfar del estanque esta mañana
“para qué sirve una polilla gigante”
me pregunto y pregunto al mundo
si tocar el agua de Ueno traerá suerte
si pedalear en una barca brillante traerá cariño
si comer fideos sencillos llenará el vientre
si viajar al otro lado del mundo nos dará una lección
allí de donde vengo las polillas son diminutas
se esconden entre la ropa limpia
y sus alas recuerdan a murales de tela antiguos
“qué significa polilla”
“por qué en Tokio hay tantas polillas muertas”
“por qué he venido al otro lado del mundo”
“para qué regresar al hogar si aquí puedo ser feliz
si aquí puedo hacer el amor
si aquí los insectos son hermosos
si aquí aún no entiendo nada y mis ojos brillan”


Ueno Koen, Tokio
27 de julio de 2015 

11 agosto 2015

Templo de lágrimas en Kamakura.

mi corazón humano se lava en la playa
Shuntaro Tanikawa

hemos comido tres bolas de arroz
rellenas de huevas de salmón y semillas pequeñas
huevas y semillas son lo mismo
huevas y semillas y el sabor extraño de un alga
recubriendo la merienda
el cansancio es más grande que el hambre
venimos de caminar entre las vías
para llegar a esta playa donde mi corazón saliva
venimos de poner una vela violeta
y de poner una lágrima
y de poner una moneda a la diosa de la misericordia
qué bonito rezan en Japón
qué bonito respiran
qué bonito lloran en templos de madera
en cuevas donde los dioses tienen mil caras
en montes custodiados por un ejército de budas bebé
a los que en verano riegan con agua pura
y a los que en invierno ponen pequeñas bufandas rojas
como si acaso tuvieran frío
o como si acaso su corazón también pudiera salivar
mi marido mira a los bebés con ojos de agua
yo nado en los suspiros de las mujeres que se agachan
para cantar con esos budas por sus hijos perdidos
mi marido mira a los bebés con boca de agua
yo me toco el ombligo y pido un deseo
mi marido mira a los bebés con sexo de agua
yo miro a una polilla aplastada en la arena de Kamakura
y es la quinta que encuentro en todo el viaje
si le arrancara las alas no daría miedo
su cabeza hueva naranja
su corazón limpio océano
su forma ovalada o frágil me recuerda a ese feto
al que nosotros despedimos en el templo


Templo de Hase-dera, 
Kamakura, Kanagawa
1 de agosto de 2015

09 agosto 2015

Un baño en la playa de Enoshima.

Inio Asano


la playa está asquerosa
su arena ceniza me recuerda al plomo
como si una guerra acabara de librarse en Enoshima
cuerpos bronceados son cadáveres
cuerpos bronceados que nos miran
la playa está asquerosa y soleada
somos los únicos occidentales aquí
—con tatuajes no podréis bañaros, advierte el guardavías
pero los cadáveres también llevan signos en la piel
y cuando toco el agua turbia con mi meñique
nadie se inmuta
nadie nos regaña
—todo es puro, me digo
todo es limpio excepto el agua de esta playa
arena apolillada
agua amarillenta
si miro hacia abajo no distingo mis pies de los tuyos
líquido de la peor pesadilla
donde las gotas salpican naranjas
donde los niños nadan con flotadores de orca
y los adultos cadáver ríen con la boca llena de sal
una ola me trae un alga
una ola me arranca el aro de la oreja derecha
una ola acerca tu sexo al mío
y aunque el océano es amarillo esto me gusta
arriba
la niebla no deja paso al monte que las guías turísticas prometieron
—Hokusai pintó su famosa obra en estas playas, dices
pero la arena está asquerosa
el cielo está asqueroso
mi cadáver está asqueroso
tú nos abrazas


Enoshima, Kanagawa,
1 de agosto de 2015

08 agosto 2015

El templo sin nombre de Shibamata.





vivimos para morir
morimos para vivir
Nishiwaki Junzaburo


una polilla gris y marrón choca contra mi muslo
y me hace daño
en la piel una mancha roja
en el suelo la polilla no sabe despegar
mi marido se prepara para la foto
sus dedos en forma de uve me recuerdan a unas alas
atrás el templo
no sabría describirlo
gris y marrón polilla
gris y marrón ancestral
mi marido tiene el rostro encendido por el sol
está descalzo y unos monjes cantan
mi marido sostiene ahora la cámara y yo me arrimo
a dos budas de piedra intentando no pisar
el cadáver de una polilla que sin quererlo
yo he matado
no conocemos el nombre de este templo pero echamos monedas
nos lavamos las manos y la boca
rezamos con las palmas muy juntas
y la mente tímida
en la pantalla la foto da cuenta de mis heridas
en la piel una mancha roja
en el suelo las hormigas rodean al gran insecto
todo es puro
incluso si toco el cadáver todo es perfecto
el ángulo de tus dedos sobre un fondo de árboles
el ángulo de mi rojez o mi piel asesina
el ángulo de los ojos azules del templo
el ángulo de todas las muertes
que nos hicieron daño




Shibamata, Tokio, 
31 de julio de 2015

19 julio 2015

«A mí, ¿sabéis? me compromete a vivir ser del linaje de las flores»

Hanako Mamiko

Pongo las verdes espigas de trigo
en mi pecho
y las amamanto
Forugh Farrojzad

Y es como si acunara a un niño que ya ha muerto
Maria Mercè Marçal


me compromete a vivir estar viva
el olor a sudor de él
el sabor a sudor de las frutas del verano

me compromete a vivir dar vida
el olor a promesa de él
el sabor a paciencia y veneno del verano 

09 julio 2015

Los reyes subterráneos (20 poetas jóvenes de México).

Inés Estrada

“La fiesta creciente”

Prólogo a Los reyes subterráneos. Veinte poetas jóvenes de México (La Bella Varsovia, 2015)
Por Elena Medel y Luna Miguel



E: ¿Cuál es el motor de esta antología? ¿En qué punto se origina y cuál es nuestro interés hacia la poesía mexicana? Como lectora, en mi caso existe un interés previo y anárquico, que me llega por la lectura de Contemporáneos gracias a la antología de Blanca Estela Domínguez Sosa (DVD, 2001), ahondando después en la completa de Xavier Villaurrutia, que editó Hiperión en 2006. En paralelo leí a Octavio Paz o Rosario Castellanos, y a poetas más recientes como José Eugenio Sánchez.
De ahí, dos certezas: la diversidad de la poesía mexicana y su recepción de hasta anteayer en España, dependiente siempre de la publicación aquí, ante la falta de distribución. Esto cambia por completo con esta generación, porque editar aquí amplía la difusión de su obra —ocurre con Gerardo Grande y David Meza—, pero no la determina.
Con respecto al conocimiento más directo, en 2009 viajé a México para participar en el encuentro “El Vértigo de los Aires”. De allí regresé con dos descubrimientos: la inmensidad de la poesía chilena (Hernández Montecinos, Ilabaca, Norambuena, Ramírez) y el discurso de Yaxkin Melchy. Me fascinó su capacidad para releer la ancha tradición latinoamericana y tejerla con sus propias coordenadas culturales. Yaxkin está en el origen de esta antología.

L: En mi caso todo nace al revés. Como suele pasar con mis lecturas, soy un desastre descubriendo literatura. Si hace cinco o seis años me hubieras preguntado qué me gusta de la literatura mexicana no habría podido decirte mucho. Apenas había leído a Paz, seguramente por influencia de la biblioteca de mi padre, en donde yo curioseaba sin conocer muy bien aquello a lo que accedía.
Me resulta también curioso que menciones la poesía chilena, porque si yo accedí más tarde a México fue gracias a Roberto Bolaño. Los detectives salvajes es la obra que me presentó a un país que en la ficción resultaba asombroso. Con el tiempo me daría cuenta de que todo aquello que Bolaño contaba era más que real.
Por eso mi proceso fue al revés, creo. Por eso y por las casualidades. Cuando en 2010 abrí el blog de Tenían veinte años y estaban locos —que luego dio pie a nuestra antología de jóvenes españoles en La Bella Varsovia—, un montón de chicos jovencísimos de muchas partes del mundo empezaron a mandarme sus colaboraciones. Entre ellos se encontraron Yaxkin, David y Gerardo.
Todos estos chicos venían de La red de los poetas salvajes, cuya conexión con Bolaño no era casualidad. Fue entonces cuando comencé a leer a los más jóvenes, y gracias a los más jóvenes conocí a sus referentes, y gracias a sus referentes pude acceder a nombres clásicos de su literatura, en lo que, como te decía, ha sido un proceso contrario. Pero me siento bien, la verdad, porque poco a poco creo que he conocido la literatura mexicana como mejor he podido hacerlo: a través de quienes más la aprecian. Ahora no sé qué haría sin Abigael Bohórquez, Mario Santiago Papasquiaro o Cristina Rivera Garza.

E: Varios nexos, entonces... El papel de estos nuevos poetas como bisagra con respecto a las generaciones que le preceden —en tu caso, después de leerles; en el mío, antes—, el reflejo de esa diversidad y riqueza constantes de la poesía mexicana, y el cambio en la recepción de los textos desde España. Si antes lo que no se publicaba aquí no existía aquí, pese a que en este caso no hay barrera idiomática, ahora recurrimos a internet. La cuestión es “dar con ellos”.
De la antología me interesan varios aspectos en cuanto a su armazón. El primero, claro, que hemos accedido a la obra de casi todos los poetas gracias a la red. Leerles en revistas digitales como Órfico o Círculo de Poesía ha sido la vía de entrada; no tanto el blog personal o las redes sociales, que “añadían” a los nombres que nos habían llamado la atención. La selección del editor de una revista continúa siendo imprescindible.
El otro es la voluntad de reflejar las muchas voces de la poesía mexicana. No entendemos a algunos autores sin esa mirada a sus propios precedentes mexicanos, otros saltan las fronteras y atienden a la influencia de la poesía en su idioma; pienso en el peso de Huidobro o Di Giorgio, tan diferentes y arraigados en la explosión del lenguaje. Otros se vinculan a las figuras contemporáneas estadounidenses de la Alt Lit...

L: Exacto, esa es una de las cosas más brutales que encuentro en México y que creo que hemos tratado de reflejar en este libro: la diversidad. Cuando miro el panorama joven español, por ejemplo, encuentro muchas maneras de hacer, sin embargo, creo que en México esos estilos son más extremos. Aquí leemos a poetas torrenciales, herederos de Zurita (Omar Jasso); muy pop (Jesús Carmona-Robles, Jehú Coronado López, Xel-Ha López); relacionados con la Alt Lit (Martín Rangel, Augusto Sonrics), cuyas lecturas de Tao Lin o Mira Gonzalez han sido muy importantes. Los hay más líricos, más surrealistas, más cercanos a una Alejandra Pizarnik... Todos conviven, y defienden sus literaturas con fuerza, sin desmerecer a sus compañeros. Eso me parece esencial a la hora de trabajar: hacerlo al máximo, y respetando a los que te rodean.
Estuve en México unos años después que tú, en 2014. Fui a Guadalajara y organizamos una pequeña lectura con poetas muy distintos entre sí. El diálogo del que hablas surgió desde el primer minuto, pero no solo entre ellos, sino también con el público. Los había más clásicos, los había fanáticos del spoken word, los había con un lenguaje muy propio de internet y los había que preferían el humor, el monólogo casi cómico, pero poético. La conexión y el diálogo existió. El público, en su mayoría gente joven o relacionada con la FIL, aplaudió efusivamente con los buenos poemas. No por los estilos ni porque uno fuera más famoso que otro, y ni siquiera porque unos tuvieran libros publicados y otros no. El aplauso vino por la calidad del poema, y eso me parece brutal porque creo que lo que me ha enseñado México es a leer. A leer de verdad, más allá de las formas o los estilos. En Los reyes subterráneos prima el trabajo. Admiro a mis colegas mexicanos porque a pesar de sus gustos especiales saben ver qué merece la pena del otro. En la lectura de Guadalajara, cada poeta leyó a un compañero, y resultó increíble ver cómo David Meza elegía un poema de Ana Carrete sin que sus estilos sean en nada parecidos. Otra cosa que me llamó la atención en el directo y que creo que hemos respetado en este libro es su carácter político. Si estos poetas impresionan es porque están conectados a la tierra, a la sangre, a la muerte y a la vida, de la manera más pura.
Por otra parte, entiendo el estado de la poesía mexicana como síntoma de lo que está pasando en la América de habla hispana, y de la fuerte unión que están experimentando autores de todo el mundo hispano, así como del ruido que están haciendo fuera de las fronteras de nuestro idioma.

E: Hay otra clave: la lectura. Ante la poesía de Pablo Piceno imagino las lecturas que sustentan cada poema: las de poetas eruditos, intelectuales, a los que él insufla vida. O ante la de Irma Torregrosa, que enlaza con la poesía doliente de autoras como Pizarnik, Idea Vilariño o la propia Di Giorgio. Tirando de Torregrosa, una divergencia con respecto a generaciones anteriores es —creo— la presencia de mujeres. En las lecturas para esta antología me fascinaban sus discursos, que discurren en paralelo y a distancia de los de los hombres: si bien ellos, salvo alguna excepción, tienen bastantes puntos en común —de estilo, de discurso, de referencias—, no sé qué une a Diana Garza Islas y a Daniela Rey Serrata, o a Andrea Alzati y a Frida Librado, más allá de escribir en el mismo tiempo y en el mismo espacio.

L: Tienes razón. Cuando leí a Clyo Mendoza o a Xel-Ha López por primera vez pensé, ¿de qué mundos vienen? ¿Cómo es posible que escriban desde lugares tan distintos? Aquí vuelve a entrar lo político. Pienso en una gran poeta mexicana, Sara Uribe, solo un poco mayor que estas autoras. Tiene un estilo desgarrador y profundamente femenino, que no le impide ser crítica con su sociedad, y mostrarla —quizá— de la manera más salvaje que existe. Su libro Antígona González es una de las mejores representaciones del miedo y la rabia en México que yo haya podido leer.
En este sentido, la poesía de Aleida Belem Salazar o Dante Tercero guarda una única cosa en común, a la que ya me he referido antes: la cercanía a la realidad, a la tierra, y a la sangre, aunque sus maneras de conformar un poema luego sean radicalmente distintas. Algunas más felices, otras más enfermas, otras más torrenciales y otras muy concisas.

E: Y ahí entramos en la expansión de lo político... Lo político asumido, que no entendido sin más —es decir, madurado e insertado con naturalidad—, como en España estamos empezando a intuir: en el discurso propio. La poesía política de estos autores, su voluntad de intervención, abarca más allá del discurso sequísimo que en España identificamos como social.

L: Exacto. Porque a pesar de ser un país ausente de tantas libertades, a la hora de escribir sus jóvenes autores sí que son libres, alejándose de todo miedo, de toda pose.

E: A mí estos poetas me muestran la libertad de sus decisiones: al escribir, al leer a otros... Podría ser una de las aportaciones de esta antología: revelar esa escritura sin prejuicios.

L: Cuando propusiste Los reyes subterráneos —un verso de Yaxkin Melchy— como posible título, pensé en esa libertad; en esa capacidad de ser únicos, de decir lo que quieren y de luchar con ello desde el interior de la tierra, para luego conquistarla. En los últimos años se han publicado en México un buen número de antologías, revistas y fanzines que recogen el trabajo de estos autores: desde la ya mencionada revista Órfico a Radiador Magazine o Tierra Adentro, hasta libros como Poetas parricidas. Generación entre siglos (Cuadrivio, 2014) o Astronave: panorámica de poesía mexicana 1985-1993 (UANL-UNAM, 2015) han sido una muestra de este delirio, de esta enorme fiesta creciente. Poner orden siempre es complicado, y más cuando hay tanto material donde seleccionar y tantas propuestas distintas. Sin embargo veo necesario tener a Esther M. García y su reivindicación feminista muy cerca de Ricardo Limassol, y sus pequeños episodios humorísticos y dramáticos con los que tanto marcó a quienes leyeron su libro Jóvenes del futuro, les habla su capitán. Con este título de Limassol, y con Los reyes subterráneos, siempre hay un carácter generacional. Por supuesto que esto no es nada hecho a propósito, incluso Gerardo Grande o David Meza tienen fantásticos poemas y manifiestos sobre su generación. Me pasa lo mismo con Esther M. García, ¿no tiene Bitácora de mujeres extrañas algo que ver con eso que decíamos de la imposibilidad de reunir a las autoras de esta antología?


E: Esta antología parte de una imposibilidad para alumbrar la posibilidad, entonces. No sé si lo habremos conseguido...

24 junio 2015

Hay flores extrañas en la isla.


(Recuperado de las notas de voz del iPhone. 
Después de Estocolmo, junio, 2015)

un poeta feo me dijo que no escribiera gladiolo en un poema
el poeta feo no quería gladiolos
el poeta feo repudiaba la palabra gladiolo
cuando en realidad es una palabra muy hermosa
me gusta la palabra gladiolo
como me gusta la palabra albaricoque
ceniza
siesta
son palabras que amo por cómo suenan
por cómo significan
por cómo me recuerdan a cosas que no hacen daño
no me hace daño recordar la flor
no me hace daño recordar el jugo del albaricoque en mi barbilla
no me hace daño la ceniza
la ceniza de ti
la ceniza de ella en mis manos
en mis sueños
la ceniza de ella antes de ser ella
la ceniza de ella antes era un cuerpo
la ceniza de ella no me hace daño porque fue cuerpo
fue cuerpo y ahora es agua
es agua porque lo dice un poeta tan guapo como la siesta
la palabra siesta no me hace daño
no me hace daño porque me calma
son horas de calma en la cama contigo
cuando estoy en la siesta hueles a albaricoque
cuando estoy en la siesta hueles a gladiolo
cuando estoy en la siesta no pienso en la ceniza
ni en el daño
ni en el sueño
ni en los poetas feos
ni en las palabras feas
ni en que la vida es fea
aunque a mí me gusta

10 junio 2015

La poesía la haremos todos (After Babel).


Dentro de unas horas tomaré un avión a Estocolmo para participar en el festival After Babel, y más concretamente en el apartado Poetry Will Be Made By All, donde además estarán no sólo algunos jóvenes poetas suecos, sino también voces nuevas como las de Sophie Collins, Rachel Allen, Bunny Rogers y  Claudia Pagès, y otras míticas, como las de Etel Adnan, Robert Glück y Eileen Myles. 

El encuentro lo organizan entre otros Giovanna Olmos, una joven poeta sueca que vive en Nueva York, Hans Ulrich Obrist y Simon Castets, los jefazos de 89plus, además de otro gran equipo de personas del museo, etcétera. 

Si a alguien le pilla cerca o quiere buscar por Internet (creo que se retransmitirán algunas lecturas), estaremos en el Moderna Museet el día 13 a mediodía, llenando una nueva Torre de Babel (construida para la ocasión) con palabras en muchos idiomas distintos y versos propios y de los demás. 

Prometo traer nombres interesantes de autores y prometo comprar muchos libros, aunque estén en idiomas que no entienda. 

Aquí toda la info

01 junio 2015

The Body Poetic II (versión española de la entrevista en The Quietus).



En los últimos días muchos me habéis escrito para pedirme la versión en español de la entrevista con Emily Berry en The Quietus (puede que no se corresponda del todo con la entrevista que se publicó al final) así que he preferido pedir permiso a Karl para colgarla aquí. ¡Gracias a todos! También aprovecho para deciros que en ese selfie dolido llevo una camiseta de Its Written, una marca de ropa literaria que mola un montón. Y también que hace poco Thomas Deslogis sacó en Fluctuat un Poème d'actu que me saca los colores. Os dejo con todo esto. Y pronto os contaré muchas cositas más. 

***

Mi primer contacto con tu trabajo fue viéndote leer tu “Museo de Cánceres” en la sala Serpentine, en el maratón de 89plus en 2013. No hablo español, pero tu lectura fue tan poderosa que no me importó. Era como escuchar un hechizo, lo sentí de verdad. ¿Cómo de importante es para ti el acto físico de leer tus poemas en voz alta, ya sea en público o en privado?
La poesía para mí siempre ha tenido algo de corporal. Si escribo, es porque recibo el impulso de escribir. Porque mi cuerpo tiene que escribir, y escribirse, y con ello mostrarse a los demás. Agradezco mucho tus palabras sobre aquella lectura de hace un par de años en Londres. Lo cierto es que yo estaba cómoda y al tiempo nerviosa. Allí todo el mundo hablaba inglés, un idioma en el que yo no me desenvuelvo con facilidad salvo cuando leo, en la intimidad. Salir al escenario y leer un poema largo en español podría haber sido extraño para quienes me rodeaban, pero lo cierto es que sentí el calor de los espectadores. Museo de Cánceres es un poema que necesita calor para sobrevivir. Mi poesía, en general, necesita calor. Por eso necesito que las vísceras, el amor y la sensación de encantamiento de la que hablas esté presente. Es una manera de desnudarse a uno mismo, y con ello, desnudar al mundo.

Escribes mucho sobre el cuerpo —el cuerpo dolorido. No parece que sientas miedo a las cosas horribles. En uno de tus poemas dices: “de la poesía espero maldad, exijo asco, invoco enfermedad” En el poema “Padre”, hablas de una pareja intentando tener hijos sin éxito (“padre mete su polla en la vagina enferma”); tu nuevo libro (cuya portada es genial) se titula Los estómagos. En nuestra sociedad parece que siempre sentimos vergüenza hacia nuestros cuerpos, especialmente por aquellos que están enfermos. Parece que en todos estos poemas tú renuncies a esa vergüenza. ¿Cómo ves la relación entre poesía y cuerpo? ¿Puede hacer más fácil habitar un cuerpo?
A esto es a lo que me refería en la respuesta anterior. Creo que la poesía que más me interesa es aquella que nace de lo visceral, por eso una de mis poetas preferidas es la surrealista Joyce Mansour y por eso mis poemas favoritos de Ted Hughes son aquellos en los que el correctísimo y limpísimo poeta es capaz de mancharse las manos de sangre y de realidad. Un buen texto literario, en mi opinión, es aquel que mueve cuerpos, que provoca reacciones. Por eso me obsesiona tanto esta dualidad, y por eso en mi propia poesía intento que la piel, los órganos, los huesos y los sentimientos sean tan visibles. En este sentido, he aprendido mucho de poetas como Chantal Maillard, Nichita Stanescu, René Char, Alejandra Pizarnik e incluso Diane di Prima, que por fin acaba de ser parcialmente traducida al español, y cuyo libro Loba creo que representa parte de esta poesía que tanto necesito leer.


Es interesante cómo se te ha relacionado con la Alt Lit, a pesar de que el típico poema de esta corriente se caracterice por un distanciamiento físico y emocional. Una estudiada falta de afecto. Sin embargo tu trabajo parece muy emocional. ¿Cómo ha impactado en tu trabajo pertenecer a este movimiento (si puede calificarse como tal) ya sean en el terreno de la escritura, o de la amistad, o de las oportunidades?

Empecé a leer a Tao Lin cuando tenía 15 años. En aquella época, más o menos 2006, creo que aún no existía el término Alt Lit, y si existía yo no lo leí hasta años más tarde. De Tao me interesó principalmente su frescura, y su manera distinta de entender la literatura. En esos días yo vivía en Niza, Francia, donde estudiaba un bachillerato literario bastante estricto cuyo programa de estudios estaba lleno de clásicos de la literatura francesa. Lo cierto es que compaginar la vida de la literatura de Internet con la de mis estudios fue sanísimo y divertidísimo, ¿qué tenían que ver Victor Hugo y aquel poeta norteamericano que blogueaba en mi pantalla del portátil? Todo, y nada. Y eso era hermoso. Para mí la Alt Lit es eso: emoción, juventud, apoyo, política, visceralidad, humor, autocrítica, futuro, una burla a los sistemas editoriales de siempre, una nueva manera de comunicarse, y, sobre todo, amistad. Es curioso que a pesar de los escándalos machistas y de los problemas y envidias surgidos entre estos escritores que conforman la Alt Lit. lo que ha quedado para todos es lo más importante: la literatura. Voces distintas, brutales y heroicas son las que siguen a la cabeza de todo esto. En el mundo hispano tenemos un espacio de comunicación parecido, muy inspirado en el espíritu de la Alt Lit, se llama “Los perros románticos” y es un grupo de Facebook propulsado por Didier Andrés Castro y Kevin Castro que sirve de exposición para que gente joven de Perú, Colombia, Chile, Argentina, México, España, Venezuela, Ecuador… se pongan en comunicación y debatan sobre poesía y sobre mil temas más. Creo que al final lo más importante de la Alt Lit o de Los Perros Románticos, o de cualquiera de estas etiquetas, es que sirven como espacios para que las nuevas voces se sientan apoyadas, en un mundo en el que las nuevas ideas, normalmente, no son aceptadas. Y para responderte (después de todo este rollo, ¡lo siento!) a mí personalmente conocer todas estas cosas me ha dado vida, confianza, y la certeza de que no todo está perdido. De que la palabra está viva, y de que siempre estaré acompañada.


Una pregunta con respecto a la anterior. Siempre estás refiriéndote a otros poetas, ya sea vivos o muertos, en tus poemas. ¿Te parece importante formar parte de una comunidad?
Esto es algo curioso que he hecho a menudo en mi poesía o en mi blog. Creo que es simplemente una muestra de gratitud. Para escribir hay que leer, y yo intento leer mucho. A veces leer me inspira más que la propia vida, y necesariamente tengo que dar cuenta de quiénes son esas personas que me han inspirado. Por eso encuentro necesario hablar de mis referentes en muchos poemas. En Los estómagos, por ejemplo, aparece bastantes veces citada la familia Hughes-Plath, porque pasé casi un año de mi vida leyéndolos a ellos y sobre ellos, hasta que sentí que los conocía más que a mis propios padres. Para resumir: si la poesía es corporal, la poesía tiene que ser necesariamente personal. Por eso necesito nombres, personas, poetas y citas rodeándome en todo momento.

He leído algunos de tus poemas más recientes, como el de “El arrecife de las sirenas”, como tus poemas del duelo; me ha llegado mucho este texto, e incluso yo misma he intentado acercarme al tema de la muerte y del dolor, temas que no suelen ser tratados por los escritores más jóvenes. ¿Qué supone para ti escribir sobre estas cosas? ¿Lo ves como una parte encesaria del proceso del duelo? ¿O es una elección deliberada abordar dales temas? ¿Es una poesía catártica?
Aquí nos topamos otra vez con el cuerpo, Emily. En verdad a mí no me gustaría hablar de la muerte, pero es que la muerte ha venido a mi casa en los últimos años, para llevarse corazones a los que amo. El arrecife de las sirenas era más bien una especie de introducción al libro que ahora estoy escribiendo (y que lleva como título, también, El Arrecife de las Sirenas) y que quiero que sea un punto y seguido en mi anterior creación, y en mi anterior vida teñida de enfermedad y de muerte. Ahora me apetece hablar de felicidad, de celebración. Estoy harta de la tristeza. Creo que es hora de apartarla de nuestros caminos. Ojalá lo consiga… porque como dices, con temas tan difíciles lo catártico es una falsedad. Por mucho que yo escriba: nadie me va a devolver lo que he perdido. Aunque hay una cita del poeta Reinaldo Arenas que me sobrevuela la mente al respecto: “ya no tenemos mar, pero tenemos voz para inventarlo”.

¿De dónde vienen tus poemas? Es decir, cuando empiezas a escribir un poema, ¿cómo es la experiencia? ¿Cuál es la historia que te cuentas a ti misma para escribir un poema? ¿Tienes alguna inspiración particular y confesable?
Como decía antes, para escribir necesito leer. Sin otros poetas no podría ser poeta. Muchas veces estoy en silencio hasta que de pronto un libro me despierta todas las conexiones del cerebro y entonces todo lo que guardé dentro de mí comienza a brillar y me empuja a sentarme y escribir, y escribir, y escribir. Me gusta escribir primero en mi cuaderno y luego en el ordenador. Necesito escuchar música y necesito leerlo en voz alta muchas veces. A veces escribo mucho, me paso meses seguidos escribiendo. Otras veces no saco ni una palabra. Ahora, por ejemplo, me siento bloqueada. Estoy esperando atenta a que llegue mi momento para decir todo lo que sé que tengo que decirme a mí, y a vosotros. Cuando ese momento llega, es, y perdón por la comparación, como correrse. Por fin alcanzas esa sensación de rapidez y creatividad que llevabas tanto tiempo esperando.

El único libro que se puede encontrar tuyo en inglés se titula Bluebird and Other Tattoos. ¿Los poemas son como tatuajes para ti? ¿Hay alguna conexión entre tus poemas y tus tatuajes? En las notas que tomaste en tu viaje a Nueva York y que fueron publicadas en Electic Cerealdices que “tatuarnos es innecesario. Para qué grabar en nuestra piel lo que ya está dentro de nosotros. Para qué grabar esas palabras si las conocemos de memoria. ¿Las cosas necesitan ser necesarias? ¿La poesía también es innecesaria?
Igual que la poesía, el mundo del tatuaje es para mí una obsesión. Mi último tatuaje me lo hizo Letizia Ruggirello en febrero de 2015, y es un verso del joven poeta mexicano Jesús Carmona Robles: “el poema sangra”. No quiero volver al tema de cuerpo-poesía, porque ya voy a parecer más pesada aún (hehe), pero creo que hay una enorme relación entre estas dos cosas. Pintarse la piel es tan necesario e innecesario como tatuarse. Al fin y al cabo, ambas cosas son marcas imborrables en la vida y en el mundo. No podría vivir sin ellas.


Sé que tienes un Tumblr de sirenas, y también un tatuaje. Háblame de las sirenas. 
Aunque tengo un poco abandonado este tumblr, quisiera recuperarlo pronto. Como decía, estoy escribiendo desde mayo de 2014 el que será mi próximo libro, El arrecife de las sirenas. Yo vivo en Barcelona, y nací en Madrid, pero la mayor parte de mi vida la viví en el sur de España, en una ciudad pequeña y desértica pero muy marinera, Almería. Allí hay un sitio muy especial para mí, que se llama El arrecife de las sirenas. Está junto al faro, y es una zona rocosa donde antes se creía que había sirenas. Muy cerca hay una pequeña playa muy bonita donde el año pasado mi padre y yo lanzamos las cenizas de mi madre. Lo llamamos el pequeño Cartago, porque ella era historiadora y era fanática del pueblo fenicio. Cuando vi a mi padre adentrándose en las olas para dejar las cenizas, pensé que mi madre se convertiría en sirena. Por eso me la tatué convertida en sirena, estratégicamente en el brazo, en un lugar donde pase lo que pase puedo abrazarla, mirarla, e incluso darle un beso en la cara. Desde entonces me obsesionan las sirenas, y he procurado leerlo todo sobre ellas, incluso si el libro que escribo no tiene tanto que ver con lo mitológico. Qué más puedo decirte sobre sirenas que tú no sepas, Emily. Creo que son un referente hermoso y extraño, cuya forma y sentido ha cambiado a lo largo de la historia y de la literatura. Hoy quiero pensar en ellas como voces del pasado, que nos ayudan a los demás a afrontar el futuro.

¿Qué andas leyendo ahora?
Acabo de terminar la terrible memoria de Eve Ensler, que ha sido recientemente traducida al español. También he leído un cómic sobre maternidad de Agustina Guerrero, y estoy metida en varios libros de poesía, como Fantasy, de Ben Fama, Eso, de Inger Christensen y Haz lo que te pido, de Miriam Reyes.

El trabajo de todos cambia con el tiempo, y tus poemas más recientes parecen más extensos, más cercanos a la prosa poética que tus primeros poemas. ¿Es el cambio de estilo algo que has hecho conscientemente? ¿Cuál es tu relación con la forma?
Creo que ahora necesito más espacio para decir todo lo que quiero decir. También ha influido en mí la lectura reciente de algunos poetas latinoamericanos como David Meza, Raúl Zurita, Roberto Bolaño, Vicente Huidobro, Mario Santiago Papasquiaro… cuya escritura es muy larga, extensa, prosaica y torrencial. Hay una gran diferencia entre la literatura hecha en España y la que podemos encontrar en América Latina. Después de leer a tanto europeo y anglosajón, estoy tratando de empaparme de una cultura tan cercana a la mía, y a la vez tan poco accesible, hasta ahora, gracias a Internet… Pero como digo, la longitud es una cosa puramente de necesidad. Si escribo más largo es porque mi voz necesita extenderse un poco más.


Pareces prolífica. Has publicado cinco libros de poesía a la edad de 24 años, trabajas como periodista, ¿cómo diferencias ambos tipos de escritura? ¿Crees que son completamente diferentes y les das espacios distintos? ¿Hay épocas en las que no puedas escribir poesía?
Trabajo en PlayGround Magazine desde hace tiempo, y he colaborado con varios medios de España y América Latina (S Moda, Nylon Español, Tierra Adentro, Jot Down…). Si antes decía que para escribir poesía necesito leer, también añadiría que para ser escritora necesito escribir sobre los demás. Me interesa mucho mezclar mis pasiones y llevarlas al extremo. Por eso creo que la creatividad que me requiere escribir ciertos artículos se parece mucho al proceso creativo de escribir un poema, con la salvedad de que una cosa me da de comer…y la otra no. He estado unos días de baja por enfermedad, y lo cierto es que he echado de menos no poder trabajar. Creo que escribir es una necesidad, me da igual el género. Lo necesito.

Sé que has dado lecturas en Londres y en Nueva York ¿en algún sitio más? ¿Cómo es la escena poética de Barcelona? ¿En qué se diferencia de la de otros sitios? ¿A qué poetas españoles deberíamos nosotros, los lectores de lengua inglesa, comenzar a leer?
Lo digo de broma, pero es cierto: la poesía es mi agencia de viajes. Desde 2009 he dado lecturas en Rusia, Marruecos, Rumanía, México, Bélgica... y también en las dos ciudades que citas. Me considero muy, muy, muy afortunada de que personas de festivales o centros de arte extranjeros quieran colaborar conmigo. De todos esos sitios he traído muchos amigos, especialmente de Rumanía y México, donde la gente es humilde, maravillosa y mucho más esperanzada. Me gustaría poder seguir viajando pero mi trabajo no siempre me lo permite. No he aprendido tanto en mi vida como cuando he viajado. Insisto: me siento muy afortunada. En cuanto a mis compañeros, creo que hay voces brutales en España. Si me centro en los más jóvenes, diría que Elena Medel, Berta García Faet, Unai Velasco, Layla Martínez, Arturo Sánchez y Óscar García Sierra son de mis favoritos. Si extendemos edades, yo no entendería la poesía sin José Ángel Valente, Chantal Maillard, Maite Dono, Juan Carlos Mestre o Julieta Valero. En cuanto a clásicos: Vicente Aleixandre es mi preferido.

En uno de los poemas de Bluebird dices, “acabaré haciendo cualquier cosa menos poesía”, ¿qué es lo que te interesa para el futuro?
Periodismo, gestión cultural, edición, vida, maternidad, viajes, lecturas… pero a quién voy a mentir… la poesía siempre estará ahí.