19 julio 2015

«A mí, ¿sabéis? me compromete a vivir ser del linaje de las flores»

Hanako Mamiko

Pongo las verdes espigas de trigo
en mi pecho
y las amamanto
Forugh Farrojzad

Y es como si acunara a un niño que ya ha muerto
Maria Mercè Marçal


me compromete a vivir estar viva
el olor a sudor de él
el sabor a sudor de las frutas del verano

me compromete a vivir dar vida
el olor a promesa de él
el sabor a paciencia y veneno del verano 

09 julio 2015

Los reyes subterráneos (20 poetas jóvenes de México).

Inés Estrada

“La fiesta creciente”

Prólogo a Los reyes subterráneos. Veinte poetas jóvenes de México (La Bella Varsovia, 2015)
Por Elena Medel y Luna Miguel



E: ¿Cuál es el motor de esta antología? ¿En qué punto se origina y cuál es nuestro interés hacia la poesía mexicana? Como lectora, en mi caso existe un interés previo y anárquico, que me llega por la lectura de Contemporáneos gracias a la antología de Blanca Estela Domínguez Sosa (DVD, 2001), ahondando después en la completa de Xavier Villaurrutia, que editó Hiperión en 2006. En paralelo leí a Octavio Paz o Rosario Castellanos, y a poetas más recientes como José Eugenio Sánchez.
De ahí, dos certezas: la diversidad de la poesía mexicana y su recepción de hasta anteayer en España, dependiente siempre de la publicación aquí, ante la falta de distribución. Esto cambia por completo con esta generación, porque editar aquí amplía la difusión de su obra —ocurre con Gerardo Grande y David Meza—, pero no la determina.
Con respecto al conocimiento más directo, en 2009 viajé a México para participar en el encuentro “El Vértigo de los Aires”. De allí regresé con dos descubrimientos: la inmensidad de la poesía chilena (Hernández Montecinos, Ilabaca, Norambuena, Ramírez) y el discurso de Yaxkin Melchy. Me fascinó su capacidad para releer la ancha tradición latinoamericana y tejerla con sus propias coordenadas culturales. Yaxkin está en el origen de esta antología.

L: En mi caso todo nace al revés. Como suele pasar con mis lecturas, soy un desastre descubriendo literatura. Si hace cinco o seis años me hubieras preguntado qué me gusta de la literatura mexicana no habría podido decirte mucho. Apenas había leído a Paz, seguramente por influencia de la biblioteca de mi padre, en donde yo curioseaba sin conocer muy bien aquello a lo que accedía.
Me resulta también curioso que menciones la poesía chilena, porque si yo accedí más tarde a México fue gracias a Roberto Bolaño. Los detectives salvajes es la obra que me presentó a un país que en la ficción resultaba asombroso. Con el tiempo me daría cuenta de que todo aquello que Bolaño contaba era más que real.
Por eso mi proceso fue al revés, creo. Por eso y por las casualidades. Cuando en 2010 abrí el blog de Tenían veinte años y estaban locos —que luego dio pie a nuestra antología de jóvenes españoles en La Bella Varsovia—, un montón de chicos jovencísimos de muchas partes del mundo empezaron a mandarme sus colaboraciones. Entre ellos se encontraron Yaxkin, David y Gerardo.
Todos estos chicos venían de La red de los poetas salvajes, cuya conexión con Bolaño no era casualidad. Fue entonces cuando comencé a leer a los más jóvenes, y gracias a los más jóvenes conocí a sus referentes, y gracias a sus referentes pude acceder a nombres clásicos de su literatura, en lo que, como te decía, ha sido un proceso contrario. Pero me siento bien, la verdad, porque poco a poco creo que he conocido la literatura mexicana como mejor he podido hacerlo: a través de quienes más la aprecian. Ahora no sé qué haría sin Abigael Bohórquez, Mario Santiago Papasquiaro o Cristina Rivera Garza.

E: Varios nexos, entonces... El papel de estos nuevos poetas como bisagra con respecto a las generaciones que le preceden —en tu caso, después de leerles; en el mío, antes—, el reflejo de esa diversidad y riqueza constantes de la poesía mexicana, y el cambio en la recepción de los textos desde España. Si antes lo que no se publicaba aquí no existía aquí, pese a que en este caso no hay barrera idiomática, ahora recurrimos a internet. La cuestión es “dar con ellos”.
De la antología me interesan varios aspectos en cuanto a su armazón. El primero, claro, que hemos accedido a la obra de casi todos los poetas gracias a la red. Leerles en revistas digitales como Órfico o Círculo de Poesía ha sido la vía de entrada; no tanto el blog personal o las redes sociales, que “añadían” a los nombres que nos habían llamado la atención. La selección del editor de una revista continúa siendo imprescindible.
El otro es la voluntad de reflejar las muchas voces de la poesía mexicana. No entendemos a algunos autores sin esa mirada a sus propios precedentes mexicanos, otros saltan las fronteras y atienden a la influencia de la poesía en su idioma; pienso en el peso de Huidobro o Di Giorgio, tan diferentes y arraigados en la explosión del lenguaje. Otros se vinculan a las figuras contemporáneas estadounidenses de la Alt Lit...

L: Exacto, esa es una de las cosas más brutales que encuentro en México y que creo que hemos tratado de reflejar en este libro: la diversidad. Cuando miro el panorama joven español, por ejemplo, encuentro muchas maneras de hacer, sin embargo, creo que en México esos estilos son más extremos. Aquí leemos a poetas torrenciales, herederos de Zurita (Omar Jasso); muy pop (Jesús Carmona-Robles, Jehú Coronado López, Xel-Ha López); relacionados con la Alt Lit (Martín Rangel, Augusto Sonrics), cuyas lecturas de Tao Lin o Mira Gonzalez han sido muy importantes. Los hay más líricos, más surrealistas, más cercanos a una Alejandra Pizarnik... Todos conviven, y defienden sus literaturas con fuerza, sin desmerecer a sus compañeros. Eso me parece esencial a la hora de trabajar: hacerlo al máximo, y respetando a los que te rodean.
Estuve en México unos años después que tú, en 2014. Fui a Guadalajara y organizamos una pequeña lectura con poetas muy distintos entre sí. El diálogo del que hablas surgió desde el primer minuto, pero no solo entre ellos, sino también con el público. Los había más clásicos, los había fanáticos del spoken word, los había con un lenguaje muy propio de internet y los había que preferían el humor, el monólogo casi cómico, pero poético. La conexión y el diálogo existió. El público, en su mayoría gente joven o relacionada con la FIL, aplaudió efusivamente con los buenos poemas. No por los estilos ni porque uno fuera más famoso que otro, y ni siquiera porque unos tuvieran libros publicados y otros no. El aplauso vino por la calidad del poema, y eso me parece brutal porque creo que lo que me ha enseñado México es a leer. A leer de verdad, más allá de las formas o los estilos. En Los reyes subterráneos prima el trabajo. Admiro a mis colegas mexicanos porque a pesar de sus gustos especiales saben ver qué merece la pena del otro. En la lectura de Guadalajara, cada poeta leyó a un compañero, y resultó increíble ver cómo David Meza elegía un poema de Ana Carrete sin que sus estilos sean en nada parecidos. Otra cosa que me llamó la atención en el directo y que creo que hemos respetado en este libro es su carácter político. Si estos poetas impresionan es porque están conectados a la tierra, a la sangre, a la muerte y a la vida, de la manera más pura.
Por otra parte, entiendo el estado de la poesía mexicana como síntoma de lo que está pasando en la América de habla hispana, y de la fuerte unión que están experimentando autores de todo el mundo hispano, así como del ruido que están haciendo fuera de las fronteras de nuestro idioma.

E: Hay otra clave: la lectura. Ante la poesía de Pablo Piceno imagino las lecturas que sustentan cada poema: las de poetas eruditos, intelectuales, a los que él insufla vida. O ante la de Irma Torregrosa, que enlaza con la poesía doliente de autoras como Pizarnik, Idea Vilariño o la propia Di Giorgio. Tirando de Torregrosa, una divergencia con respecto a generaciones anteriores es —creo— la presencia de mujeres. En las lecturas para esta antología me fascinaban sus discursos, que discurren en paralelo y a distancia de los de los hombres: si bien ellos, salvo alguna excepción, tienen bastantes puntos en común —de estilo, de discurso, de referencias—, no sé qué une a Diana Garza Islas y a Daniela Rey Serrata, o a Andrea Alzati y a Frida Librado, más allá de escribir en el mismo tiempo y en el mismo espacio.

L: Tienes razón. Cuando leí a Clyo Mendoza o a Xel-Ha López por primera vez pensé, ¿de qué mundos vienen? ¿Cómo es posible que escriban desde lugares tan distintos? Aquí vuelve a entrar lo político. Pienso en una gran poeta mexicana, Sara Uribe, solo un poco mayor que estas autoras. Tiene un estilo desgarrador y profundamente femenino, que no le impide ser crítica con su sociedad, y mostrarla —quizá— de la manera más salvaje que existe. Su libro Antígona González es una de las mejores representaciones del miedo y la rabia en México que yo haya podido leer.
En este sentido, la poesía de Aleida Belem Salazar o Dante Tercero guarda una única cosa en común, a la que ya me he referido antes: la cercanía a la realidad, a la tierra, y a la sangre, aunque sus maneras de conformar un poema luego sean radicalmente distintas. Algunas más felices, otras más enfermas, otras más torrenciales y otras muy concisas.

E: Y ahí entramos en la expansión de lo político... Lo político asumido, que no entendido sin más —es decir, madurado e insertado con naturalidad—, como en España estamos empezando a intuir: en el discurso propio. La poesía política de estos autores, su voluntad de intervención, abarca más allá del discurso sequísimo que en España identificamos como social.

L: Exacto. Porque a pesar de ser un país ausente de tantas libertades, a la hora de escribir sus jóvenes autores sí que son libres, alejándose de todo miedo, de toda pose.

E: A mí estos poetas me muestran la libertad de sus decisiones: al escribir, al leer a otros... Podría ser una de las aportaciones de esta antología: revelar esa escritura sin prejuicios.

L: Cuando propusiste Los reyes subterráneos —un verso de Yaxkin Melchy— como posible título, pensé en esa libertad; en esa capacidad de ser únicos, de decir lo que quieren y de luchar con ello desde el interior de la tierra, para luego conquistarla. En los últimos años se han publicado en México un buen número de antologías, revistas y fanzines que recogen el trabajo de estos autores: desde la ya mencionada revista Órfico a Radiador Magazine o Tierra Adentro, hasta libros como Poetas parricidas. Generación entre siglos (Cuadrivio, 2014) o Astronave: panorámica de poesía mexicana 1985-1993 (UANL-UNAM, 2015) han sido una muestra de este delirio, de esta enorme fiesta creciente. Poner orden siempre es complicado, y más cuando hay tanto material donde seleccionar y tantas propuestas distintas. Sin embargo veo necesario tener a Esther M. García y su reivindicación feminista muy cerca de Ricardo Limassol, y sus pequeños episodios humorísticos y dramáticos con los que tanto marcó a quienes leyeron su libro Jóvenes del futuro, les habla su capitán. Con este título de Limassol, y con Los reyes subterráneos, siempre hay un carácter generacional. Por supuesto que esto no es nada hecho a propósito, incluso Gerardo Grande o David Meza tienen fantásticos poemas y manifiestos sobre su generación. Me pasa lo mismo con Esther M. García, ¿no tiene Bitácora de mujeres extrañas algo que ver con eso que decíamos de la imposibilidad de reunir a las autoras de esta antología?


E: Esta antología parte de una imposibilidad para alumbrar la posibilidad, entonces. No sé si lo habremos conseguido...

24 junio 2015

Hay flores extrañas en la isla.


(Recuperado de las notas de voz del iPhone. 
Después de Estocolmo, junio, 2015)

un poeta feo me dijo que no escribiera gladiolo en un poema
el poeta feo no quería gladiolos
el poeta feo repudiaba la palabra gladiolo
cuando en realidad es una palabra muy hermosa
me gusta la palabra gladiolo
como me gusta la palabra albaricoque
ceniza
siesta
son palabras que amo por cómo suenan
por cómo significan
por cómo me recuerdan a cosas que no hacen daño
no me hace daño recordar la flor
no me hace daño recordar el jugo del albaricoque en mi barbilla
no me hace daño la ceniza
la ceniza de ti
la ceniza de ella en mis manos
en mis sueños
la ceniza de ella antes de ser ella
la ceniza de ella antes era un cuerpo
la ceniza de ella no me hace daño porque fue cuerpo
fue cuerpo y ahora es agua
es agua porque lo dice un poeta tan guapo como la siesta
la palabra siesta no me hace daño
no me hace daño porque me calma
son horas de calma en la cama contigo
cuando estoy en la siesta hueles a albaricoque
cuando estoy en la siesta hueles a gladiolo
cuando estoy en la siesta no pienso en la ceniza
ni en el daño
ni en el sueño
ni en los poetas feos
ni en las palabras feas
ni en que la vida es fea
aunque a mí me gusta

10 junio 2015

La poesía la haremos todos (After Babel).


Dentro de unas horas tomaré un avión a Estocolmo para participar en el festival After Babel, y más concretamente en el apartado Poetry Will Be Made By All, donde además estarán no sólo algunos jóvenes poetas suecos, sino también voces nuevas como las de Sophie Collins, Rachel Allen, Bunny Rogers y  Claudia Pagès, y otras míticas, como las de Etel Adnan, Robert Glück y Eileen Myles. 

El encuentro lo organizan entre otros Giovanna Olmos, una joven poeta sueca que vive en Nueva York, Hans Ulrich Obrist y Simon Castets, los jefazos de 89plus, además de otro gran equipo de personas del museo, etcétera. 

Si a alguien le pilla cerca o quiere buscar por Internet (creo que se retransmitirán algunas lecturas), estaremos en el Moderna Museet el día 13 a mediodía, llenando una nueva Torre de Babel (construida para la ocasión) con palabras en muchos idiomas distintos y versos propios y de los demás. 

Prometo traer nombres interesantes de autores y prometo comprar muchos libros, aunque estén en idiomas que no entienda. 

Aquí toda la info

01 junio 2015

The Body Poetic II (versión española de la entrevista en The Quietus).



En los últimos días muchos me habéis escrito para pedirme la versión en español de la entrevista con Emily Berry en The Quietus (puede que no se corresponda del todo con la entrevista que se publicó al final) así que he preferido pedir permiso a Karl para colgarla aquí. ¡Gracias a todos! También aprovecho para deciros que en ese selfie dolido llevo una camiseta de Its Written, una marca de ropa literaria que mola un montón. Y también que hace poco Thomas Deslogis sacó en Fluctuat un Poème d'actu que me saca los colores. Os dejo con todo esto. Y pronto os contaré muchas cositas más. 

***

Mi primer contacto con tu trabajo fue viéndote leer tu “Museo de Cánceres” en la sala Serpentine, en el maratón de 89plus en 2013. No hablo español, pero tu lectura fue tan poderosa que no me importó. Era como escuchar un hechizo, lo sentí de verdad. ¿Cómo de importante es para ti el acto físico de leer tus poemas en voz alta, ya sea en público o en privado?
La poesía para mí siempre ha tenido algo de corporal. Si escribo, es porque recibo el impulso de escribir. Porque mi cuerpo tiene que escribir, y escribirse, y con ello mostrarse a los demás. Agradezco mucho tus palabras sobre aquella lectura de hace un par de años en Londres. Lo cierto es que yo estaba cómoda y al tiempo nerviosa. Allí todo el mundo hablaba inglés, un idioma en el que yo no me desenvuelvo con facilidad salvo cuando leo, en la intimidad. Salir al escenario y leer un poema largo en español podría haber sido extraño para quienes me rodeaban, pero lo cierto es que sentí el calor de los espectadores. Museo de Cánceres es un poema que necesita calor para sobrevivir. Mi poesía, en general, necesita calor. Por eso necesito que las vísceras, el amor y la sensación de encantamiento de la que hablas esté presente. Es una manera de desnudarse a uno mismo, y con ello, desnudar al mundo.

Escribes mucho sobre el cuerpo —el cuerpo dolorido. No parece que sientas miedo a las cosas horribles. En uno de tus poemas dices: “de la poesía espero maldad, exijo asco, invoco enfermedad” En el poema “Padre”, hablas de una pareja intentando tener hijos sin éxito (“padre mete su polla en la vagina enferma”); tu nuevo libro (cuya portada es genial) se titula Los estómagos. En nuestra sociedad parece que siempre sentimos vergüenza hacia nuestros cuerpos, especialmente por aquellos que están enfermos. Parece que en todos estos poemas tú renuncies a esa vergüenza. ¿Cómo ves la relación entre poesía y cuerpo? ¿Puede hacer más fácil habitar un cuerpo?
A esto es a lo que me refería en la respuesta anterior. Creo que la poesía que más me interesa es aquella que nace de lo visceral, por eso una de mis poetas preferidas es la surrealista Joyce Mansour y por eso mis poemas favoritos de Ted Hughes son aquellos en los que el correctísimo y limpísimo poeta es capaz de mancharse las manos de sangre y de realidad. Un buen texto literario, en mi opinión, es aquel que mueve cuerpos, que provoca reacciones. Por eso me obsesiona tanto esta dualidad, y por eso en mi propia poesía intento que la piel, los órganos, los huesos y los sentimientos sean tan visibles. En este sentido, he aprendido mucho de poetas como Chantal Maillard, Nichita Stanescu, René Char, Alejandra Pizarnik e incluso Diane di Prima, que por fin acaba de ser parcialmente traducida al español, y cuyo libro Loba creo que representa parte de esta poesía que tanto necesito leer.


Es interesante cómo se te ha relacionado con la Alt Lit, a pesar de que el típico poema de esta corriente se caracterice por un distanciamiento físico y emocional. Una estudiada falta de afecto. Sin embargo tu trabajo parece muy emocional. ¿Cómo ha impactado en tu trabajo pertenecer a este movimiento (si puede calificarse como tal) ya sean en el terreno de la escritura, o de la amistad, o de las oportunidades?

Empecé a leer a Tao Lin cuando tenía 15 años. En aquella época, más o menos 2006, creo que aún no existía el término Alt Lit, y si existía yo no lo leí hasta años más tarde. De Tao me interesó principalmente su frescura, y su manera distinta de entender la literatura. En esos días yo vivía en Niza, Francia, donde estudiaba un bachillerato literario bastante estricto cuyo programa de estudios estaba lleno de clásicos de la literatura francesa. Lo cierto es que compaginar la vida de la literatura de Internet con la de mis estudios fue sanísimo y divertidísimo, ¿qué tenían que ver Victor Hugo y aquel poeta norteamericano que blogueaba en mi pantalla del portátil? Todo, y nada. Y eso era hermoso. Para mí la Alt Lit es eso: emoción, juventud, apoyo, política, visceralidad, humor, autocrítica, futuro, una burla a los sistemas editoriales de siempre, una nueva manera de comunicarse, y, sobre todo, amistad. Es curioso que a pesar de los escándalos machistas y de los problemas y envidias surgidos entre estos escritores que conforman la Alt Lit. lo que ha quedado para todos es lo más importante: la literatura. Voces distintas, brutales y heroicas son las que siguen a la cabeza de todo esto. En el mundo hispano tenemos un espacio de comunicación parecido, muy inspirado en el espíritu de la Alt Lit, se llama “Los perros románticos” y es un grupo de Facebook propulsado por Didier Andrés Castro y Kevin Castro que sirve de exposición para que gente joven de Perú, Colombia, Chile, Argentina, México, España, Venezuela, Ecuador… se pongan en comunicación y debatan sobre poesía y sobre mil temas más. Creo que al final lo más importante de la Alt Lit o de Los Perros Románticos, o de cualquiera de estas etiquetas, es que sirven como espacios para que las nuevas voces se sientan apoyadas, en un mundo en el que las nuevas ideas, normalmente, no son aceptadas. Y para responderte (después de todo este rollo, ¡lo siento!) a mí personalmente conocer todas estas cosas me ha dado vida, confianza, y la certeza de que no todo está perdido. De que la palabra está viva, y de que siempre estaré acompañada.


Una pregunta con respecto a la anterior. Siempre estás refiriéndote a otros poetas, ya sea vivos o muertos, en tus poemas. ¿Te parece importante formar parte de una comunidad?
Esto es algo curioso que he hecho a menudo en mi poesía o en mi blog. Creo que es simplemente una muestra de gratitud. Para escribir hay que leer, y yo intento leer mucho. A veces leer me inspira más que la propia vida, y necesariamente tengo que dar cuenta de quiénes son esas personas que me han inspirado. Por eso encuentro necesario hablar de mis referentes en muchos poemas. En Los estómagos, por ejemplo, aparece bastantes veces citada la familia Hughes-Plath, porque pasé casi un año de mi vida leyéndolos a ellos y sobre ellos, hasta que sentí que los conocía más que a mis propios padres. Para resumir: si la poesía es corporal, la poesía tiene que ser necesariamente personal. Por eso necesito nombres, personas, poetas y citas rodeándome en todo momento.

He leído algunos de tus poemas más recientes, como el de “El arrecife de las sirenas”, como tus poemas del duelo; me ha llegado mucho este texto, e incluso yo misma he intentado acercarme al tema de la muerte y del dolor, temas que no suelen ser tratados por los escritores más jóvenes. ¿Qué supone para ti escribir sobre estas cosas? ¿Lo ves como una parte encesaria del proceso del duelo? ¿O es una elección deliberada abordar dales temas? ¿Es una poesía catártica?
Aquí nos topamos otra vez con el cuerpo, Emily. En verdad a mí no me gustaría hablar de la muerte, pero es que la muerte ha venido a mi casa en los últimos años, para llevarse corazones a los que amo. El arrecife de las sirenas era más bien una especie de introducción al libro que ahora estoy escribiendo (y que lleva como título, también, El Arrecife de las Sirenas) y que quiero que sea un punto y seguido en mi anterior creación, y en mi anterior vida teñida de enfermedad y de muerte. Ahora me apetece hablar de felicidad, de celebración. Estoy harta de la tristeza. Creo que es hora de apartarla de nuestros caminos. Ojalá lo consiga… porque como dices, con temas tan difíciles lo catártico es una falsedad. Por mucho que yo escriba: nadie me va a devolver lo que he perdido. Aunque hay una cita del poeta Reinaldo Arenas que me sobrevuela la mente al respecto: “ya no tenemos mar, pero tenemos voz para inventarlo”.

¿De dónde vienen tus poemas? Es decir, cuando empiezas a escribir un poema, ¿cómo es la experiencia? ¿Cuál es la historia que te cuentas a ti misma para escribir un poema? ¿Tienes alguna inspiración particular y confesable?
Como decía antes, para escribir necesito leer. Sin otros poetas no podría ser poeta. Muchas veces estoy en silencio hasta que de pronto un libro me despierta todas las conexiones del cerebro y entonces todo lo que guardé dentro de mí comienza a brillar y me empuja a sentarme y escribir, y escribir, y escribir. Me gusta escribir primero en mi cuaderno y luego en el ordenador. Necesito escuchar música y necesito leerlo en voz alta muchas veces. A veces escribo mucho, me paso meses seguidos escribiendo. Otras veces no saco ni una palabra. Ahora, por ejemplo, me siento bloqueada. Estoy esperando atenta a que llegue mi momento para decir todo lo que sé que tengo que decirme a mí, y a vosotros. Cuando ese momento llega, es, y perdón por la comparación, como correrse. Por fin alcanzas esa sensación de rapidez y creatividad que llevabas tanto tiempo esperando.

El único libro que se puede encontrar tuyo en inglés se titula Bluebird and Other Tattoos. ¿Los poemas son como tatuajes para ti? ¿Hay alguna conexión entre tus poemas y tus tatuajes? En las notas que tomaste en tu viaje a Nueva York y que fueron publicadas en Electic Cerealdices que “tatuarnos es innecesario. Para qué grabar en nuestra piel lo que ya está dentro de nosotros. Para qué grabar esas palabras si las conocemos de memoria. ¿Las cosas necesitan ser necesarias? ¿La poesía también es innecesaria?
Igual que la poesía, el mundo del tatuaje es para mí una obsesión. Mi último tatuaje me lo hizo Letizia Ruggirello en febrero de 2015, y es un verso del joven poeta mexicano Jesús Carmona Robles: “el poema sangra”. No quiero volver al tema de cuerpo-poesía, porque ya voy a parecer más pesada aún (hehe), pero creo que hay una enorme relación entre estas dos cosas. Pintarse la piel es tan necesario e innecesario como tatuarse. Al fin y al cabo, ambas cosas son marcas imborrables en la vida y en el mundo. No podría vivir sin ellas.


Sé que tienes un Tumblr de sirenas, y también un tatuaje. Háblame de las sirenas. 
Aunque tengo un poco abandonado este tumblr, quisiera recuperarlo pronto. Como decía, estoy escribiendo desde mayo de 2014 el que será mi próximo libro, El arrecife de las sirenas. Yo vivo en Barcelona, y nací en Madrid, pero la mayor parte de mi vida la viví en el sur de España, en una ciudad pequeña y desértica pero muy marinera, Almería. Allí hay un sitio muy especial para mí, que se llama El arrecife de las sirenas. Está junto al faro, y es una zona rocosa donde antes se creía que había sirenas. Muy cerca hay una pequeña playa muy bonita donde el año pasado mi padre y yo lanzamos las cenizas de mi madre. Lo llamamos el pequeño Cartago, porque ella era historiadora y era fanática del pueblo fenicio. Cuando vi a mi padre adentrándose en las olas para dejar las cenizas, pensé que mi madre se convertiría en sirena. Por eso me la tatué convertida en sirena, estratégicamente en el brazo, en un lugar donde pase lo que pase puedo abrazarla, mirarla, e incluso darle un beso en la cara. Desde entonces me obsesionan las sirenas, y he procurado leerlo todo sobre ellas, incluso si el libro que escribo no tiene tanto que ver con lo mitológico. Qué más puedo decirte sobre sirenas que tú no sepas, Emily. Creo que son un referente hermoso y extraño, cuya forma y sentido ha cambiado a lo largo de la historia y de la literatura. Hoy quiero pensar en ellas como voces del pasado, que nos ayudan a los demás a afrontar el futuro.

¿Qué andas leyendo ahora?
Acabo de terminar la terrible memoria de Eve Ensler, que ha sido recientemente traducida al español. También he leído un cómic sobre maternidad de Agustina Guerrero, y estoy metida en varios libros de poesía, como Fantasy, de Ben Fama, Eso, de Inger Christensen y Haz lo que te pido, de Miriam Reyes.

El trabajo de todos cambia con el tiempo, y tus poemas más recientes parecen más extensos, más cercanos a la prosa poética que tus primeros poemas. ¿Es el cambio de estilo algo que has hecho conscientemente? ¿Cuál es tu relación con la forma?
Creo que ahora necesito más espacio para decir todo lo que quiero decir. También ha influido en mí la lectura reciente de algunos poetas latinoamericanos como David Meza, Raúl Zurita, Roberto Bolaño, Vicente Huidobro, Mario Santiago Papasquiaro… cuya escritura es muy larga, extensa, prosaica y torrencial. Hay una gran diferencia entre la literatura hecha en España y la que podemos encontrar en América Latina. Después de leer a tanto europeo y anglosajón, estoy tratando de empaparme de una cultura tan cercana a la mía, y a la vez tan poco accesible, hasta ahora, gracias a Internet… Pero como digo, la longitud es una cosa puramente de necesidad. Si escribo más largo es porque mi voz necesita extenderse un poco más.


Pareces prolífica. Has publicado cinco libros de poesía a la edad de 24 años, trabajas como periodista, ¿cómo diferencias ambos tipos de escritura? ¿Crees que son completamente diferentes y les das espacios distintos? ¿Hay épocas en las que no puedas escribir poesía?
Trabajo en PlayGround Magazine desde hace tiempo, y he colaborado con varios medios de España y América Latina (S Moda, Nylon Español, Tierra Adentro, Jot Down…). Si antes decía que para escribir poesía necesito leer, también añadiría que para ser escritora necesito escribir sobre los demás. Me interesa mucho mezclar mis pasiones y llevarlas al extremo. Por eso creo que la creatividad que me requiere escribir ciertos artículos se parece mucho al proceso creativo de escribir un poema, con la salvedad de que una cosa me da de comer…y la otra no. He estado unos días de baja por enfermedad, y lo cierto es que he echado de menos no poder trabajar. Creo que escribir es una necesidad, me da igual el género. Lo necesito.

Sé que has dado lecturas en Londres y en Nueva York ¿en algún sitio más? ¿Cómo es la escena poética de Barcelona? ¿En qué se diferencia de la de otros sitios? ¿A qué poetas españoles deberíamos nosotros, los lectores de lengua inglesa, comenzar a leer?
Lo digo de broma, pero es cierto: la poesía es mi agencia de viajes. Desde 2009 he dado lecturas en Rusia, Marruecos, Rumanía, México, Bélgica... y también en las dos ciudades que citas. Me considero muy, muy, muy afortunada de que personas de festivales o centros de arte extranjeros quieran colaborar conmigo. De todos esos sitios he traído muchos amigos, especialmente de Rumanía y México, donde la gente es humilde, maravillosa y mucho más esperanzada. Me gustaría poder seguir viajando pero mi trabajo no siempre me lo permite. No he aprendido tanto en mi vida como cuando he viajado. Insisto: me siento muy afortunada. En cuanto a mis compañeros, creo que hay voces brutales en España. Si me centro en los más jóvenes, diría que Elena Medel, Berta García Faet, Unai Velasco, Layla Martínez, Arturo Sánchez y Óscar García Sierra son de mis favoritos. Si extendemos edades, yo no entendería la poesía sin José Ángel Valente, Chantal Maillard, Maite Dono, Juan Carlos Mestre o Julieta Valero. En cuanto a clásicos: Vicente Aleixandre es mi preferido.

En uno de los poemas de Bluebird dices, “acabaré haciendo cualquier cosa menos poesía”, ¿qué es lo que te interesa para el futuro?
Periodismo, gestión cultural, edición, vida, maternidad, viajes, lecturas… pero a quién voy a mentir… la poesía siempre estará ahí. 

31 mayo 2015

Esto es lo primero que escribo completamente desnuda.


María Melero
Duele el dolor, te amo. 
Duele, duele. Te amo.
Duele la tierra o uña,
espejo en que estas letras se reflejan.
Vicente Aleixandre

Sé que llega el verano porque bajo la manta mis pies descalzos chocan contra tus pies descalzos y todo es suave. El corazón que hubo en mi vientre fue corazón y no latía, fue vida y no latía, fue nuestro mejor sueño. Hoy me despierto descalza y es casi verano, bajo la manta me rozo contra mí, me restriego contra mí, ya llevo más de quince días sangrando. Sé que llega el verano y hasta que llega escribo desnuda, porque desnudos es como hacemos a los bebés, y así siento cariño, y así estoy contenta, y así todo es más suave. 


25 mayo 2015

The Body Poetic (una conversación con Emily Berry en The Quietus).

El pasado domingo se publicó en The Quietus una entrevista que me hizo la poeta Emily Berry (autora de Dear Boy, que podréis encontrar en Faber). Conocí a Emily por Twitter, a veces compartimos likes o retuiteos. Hace unos meses, cuando abrí el blog Cantoras de muerte (dedicado a las sirenas) ella me mandó un poema que había escrito en respuesta a Merdmais Reef. Sigo a Emily para conocer un poco la actualidad literaria en Reino Unido, y también por sus entrevistas en The Quietus. Para quien no lo conozca, The Quietus es una revista de cultura que desde hace más de un año acoge poemas de jóvenes poetas coordinados por Karl Smith (también joven poeta asentado en Londres). Gracias a Emily por sus geniales preguntas, y gracias a Karl por el espacio. Y por supuesto, gracias a Luis Silva, traductor y editor de Electric Cereal, que siempre se encarga de traducir mis palabras a ese idioma extraño y cercano que es el inglés. Si alguien está interesado en la versión en español de esta entrevista, puede escribirme al email y yo se la hago llegar. A pesar de todo, pasan cosas felices. Os juro que prontito volveré aquí a contaros más. De momento, me podéis leer a diario en PG, o cotillear mi Instagram. Gracias, y besos, y : )  

09 mayo 2015

Esperar, acunar, esperar, despedir, esperar, sangrar, esperar, aquí.


Basquiat
El bebé duerme en su cuna negra.
Sus sucios dientes destacan entre sus labios cortados
Le meces.
La habitación está tranquila a pesar del perro moribundo
Las ventanas bien cerradas para retener mejor la noche
Esperas.
El bebé se despierta de sus sueños torturados
La muerte, tierna nodriza, le aguarda
Y tú, madrecita, te regocijas.
Joyce Mansour

08 mayo 2015

Adiós, bebé.



Niza, 15 de marzo de 2015
(Cerveza a un euro y eme a diez)

            con Ibrah, Locos y Kube

El hombre al que casi amé tiene una hija.
El hombre al que más amo me hace el amor.
El hombre al que nunca amé me pregunta si tengo miedo.
No lo tengo, le digo,
todo es perfecto.


Málaga, 28 de marzo de 2015
(Un día azul en la casa de la amistad)

Alrededor de esta mesa hay tres mujeres.
Dos de ellas menstrúan.
La otra ya no.


Barcelona, 29 de marzo de 2015
(Estás aquí)

El cuerpo de la madre contra el cuerpo de un bebé crea un lugar. Te hace saber que estás aquí. Sin este cuerpo contra tu cuerpo no existe ese lugar.
Eve Ensler

Eve Ensler nunca tuvo hijos. Lo leo en un libro de memorias en el que cáncer es la única palabra que se repite en cada línea.
Dentro de mí tampoco hay un cuerpo. En todo caso una semilla mínima que me hace presión y me da náuseas.
Si me acaricio el pelo lo noto más suave.
Quizá porque ahora todo me parece más hermoso.


Barcelona, 31 de marzo de 2015
(Mamá)

El mismo día en el que recordamos el aniversario de la muerte de mamá me dicen que tengo que abortar.
Tengo dentro un temblor y un miedo.
Os juro que nunca había sabido lo que significaba miedo hasta este momento exacto.
Quiero que estés aquí.
Quiero que estés aquí como están los niños normales dentro de las mamás normales, anque tú y yo no seamos normales. Ana. Abril. Ulises. Aarón.
Seas quien seas comerás bien.
Te cuidaré mucho.
Demostraremos al hijo de puta de ese médico cuánto se equivocaba.


Barcelona, 14 de abril de 2015
(No hay milagro más cruel que este)

primera visita y ecografía (¡ahí veo un corazón!)

Sé que he hecho mal muchas cosas, y sé que cuando se trata del cuerpo, nadie perdona.
Me preguntan quién de mi familia ha estado enfermo.
Yo digo: todos.
Todos los Santos están enfermos.
Ahora qué.


Alcalá de Henares, 27 de abril de 2015
(10 semanas y pico)

            Sácate el sol de la boca
Mohsen Emadi

Sácate el sol de la boca,
sécate las manos en mi espalda cansada,
tengo un corazón diminuto que late en mi útero.
Noto cómo se estira ya.
Cómo se ensancha.
Sácame el sol de la boca.
La felicidad de las manos.
El dolor de las uñas.
Pero quédate tú.
Quédate dentro.
Nunca te vayas.
El perfume de mí.
Perfume infantil.
Doloroso.
Me duele, sí.
Te juro que grrrrrr…


Barcelona, 8 de mayo de 2015
(Adiós, bebé)

1:11 am

Lo que tengo dentro es un cementerio.
Lo que tengo dentro es lo que más quisimos.
Lo que tengo dentro es del hombre al que más quiero.
Te quiero bebé.
Aún estás aquí dentro.
Estoy escribiendo a mano en una libreta que empujo sobre mi vientre.
Quiero que mis palabras te golpeen.
No late tu corazón.
Quiero que estas palabras te hagan latir.
Te quiero bebé.
Te quiero bebé.
Tres meses a mi lado.
Casi lo habíamos conseguido, bebé.
Contigo llevo dentro tanta muerte.
Pronto van a sacarte.
Te quiero bebé.
Te quiero bebé.
Te quiero bebé.
Te quiero.
: ( 

19 abril 2015

Un fragmento de algo que, un miedo a.

Alexandra Lavasseur
Nuestra función es ser incomprensibles
Nuestra función es ser
Nuestra función
Inger Christensen

                     
Para Annalisa Marí

Tanto tiempo luchando contra él
y ahora me piden que lo tenga. 
[...]
Si tengo miedo no puedo ser quien soy,
ni quien deseo ser,
ni aquello en lo que merezco convertirme. 

15 abril 2015

No hay milagro más cruel que este.


Mírate. Llevas días sin escribir, aunque en realidad escribes mucho. El amor es un desierto, ¿dónde has leído eso? No lo sabes. Ya no te acuerdas. Mírate. Llevas días mordiéndote las uñas. (Os juro que no intento dar pena, pero no quepo aquí, ni tampoco aquí, ¿me entendéis? Ya no quepo en ningún sitio porque todo es apretadito y tengo escalofríos). Mírate. Llevas días siendo críptica y cruzando los dedos y buscando libros que hablen de ti pero ninguno lo hace. Vas a tener que inventártelo tú. Mírate y escribe. El amor es un desierto. (Os juro que lo he leído en alguna parte y pensé, qué verso más malo). Mírate. Y déjate ya de tonterías. (El glucómetro marca 58. Os juro que todo va a salir bien).