19 abril 2015

Un fragmento de algo que, un miedo a.

Alexandra Lavasseur
Nuestra función es ser incomprensibles
Nuestra función es ser
Nuestra función
Inger Christensen

                     
Para Annalisa Marí

Tanto tiempo luchando contra él
y ahora me piden que lo tenga. 
[...]
Si tengo miedo no puedo ser quien soy,
ni quien deseo ser,
ni aquello en lo que merezco convertirme. 

15 abril 2015

No hay milagro más cruel que este.


Mírate. Llevas días sin escribir, aunque en realidad escribes mucho. El amor es un desierto, ¿dónde has leído eso? No lo sabes. Ya no te acuerdas. Mírate. Llevas días mordiéndote las uñas. (Os juro que no intento dar pena, pero no quepo aquí, ni tampoco aquí, ¿me entendéis? Ya no quepo en ningún sitio porque todo es apretadito y tengo escalofríos). Mírate. Llevas días siendo críptica y cruzando los dedos y buscando libros que hablen de ti pero ninguno lo hace. Vas a tener que inventártelo tú. Mírate y escribe. El amor es un desierto. (Os juro que lo he leído en alguna parte y pensé, qué verso más malo). Mírate. Y déjate ya de tonterías. (El glucómetro marca 58. Os juro que todo va a salir bien).

08 marzo 2015

Luna le pide a Luna que escriba un poema feliz.


Me pides un poema feliz. Qué quieres que diga. Que creo en el amor. Que lo que más me emociona en esta vida es comer pizza los domingos. Que adoro retener el esperma entre mis piernas, hasta que cae líquido, gota a gota, al frío suelo de mi sueño. Me pides un poema feliz y eso es algo casi imposible, porque cuando soy feliz no sé decirlo. O porque cuando soy feliz deseo la euforia. O porque cuando soy feliz estoy haciendo cosas más importantes como llorar. Leo un libro en el que la protagonista mata a su gato y no siente nada. Escucho una canción en la que dos amantes se separan y no sienten nada. Miro los mensajes de Whatsapp y aprendo que un amigo quiere cortarse las venas para dejar de sentir. Qué quieres que te diga yo entonces. A quién quieres que salve yo ahora. Me pides un poema feliz y esto es todo lo que puedo decirte: No.  

04 marzo 2015

5 nombres para entender Los estómagos.


(Texto originalmente publicado en inglés en The Reader, la revista brutal y mensual de Luck K. Shaw que podéis adquirir por 3 euros. Lucy me pidió que explicara qué significa para mí la creación de este libro, y cómo la asumí. Gracias, querida Lucy.)



Uno. Delhi
El día en el que Delhi, una enorme gata tricolor, apareció en mi habitación de mi primera casa de Barcelona, toda mi vida cambió. Fue entonces cuando comencé a darle vueltas al tema de Los estómagos, mi quinto libro de poemas publicado recientemente en España. Y fue entonces cuando mi marido y yo nos planteamos la posibilidad de ser vegetarianos. La paz inmensa de Delhi, su manera de respirar y de moverse estaba causando efecto en nuestra vida. En nuestras entrañas. Entonces tuve que ponerme a escribir.

Dos. Ted Hughes
Cuando uno tiene una obsesión, todo se torna del color de ese sueño. Me empecé a obsesionar con el mundo animal y comencé a preguntar a amigos o conocidos por poetas que hubieran tratado lo animal o quizá el vegetarianismo entre sus palabras. Surgieron muchos nombres y descubrí que existían enormes autores como Nichita Stanescu, Brigitta Trotzig, Joyce Mansour e incluso Yanis Ritsos. Sin embargo, el poeta que más me conmovió fue Ted Hughes. Yo ya había leído a Sylvia Plath de adolescente, pero ni ella ni su historia familiar me habían interesado. Es curioso cómo a veces los mitos nos hace repudiar a los escritores, y es curioso, también, cómo al final los mismos escritos y la misma literatura nos vuelven a reconciliar con ellos. La familia Hughes-Plath está de lleno en estos poemas, aunque en algunos momentos no lo parezca. Sus perros, sus celos, sus cielos de sangre residen aquí, no ya como un homenaje, sino más bien como un ritual de invocación.

Tres. Aleksandra Waliszewska
Es mi ilustradora favorita desde que hace años comencé a seguirla gracias a una recomendación de una amiga también pintora. El mundo de Waliszewska es todo lo que sueño, todo lo que temo, todo lo que amo. Por eso cuando terminé el libro pedí a mi editora, Elena Medel, que me ayudara a contactar con ella. Muchas imágenes se las debo a sus imágenes, especialmente las de la cuarta parte de Los estómagos, en donde invento conversaciones violentas entre los humanos y los animales. El escenario sólo podría ser el de Waliszewska.

Cuatro. Barcelona
Madrid nunca fue una ciudad inspiradora, y sin embargo allí escribí mucho. En Barcelona siento que he escrito menos, pero todo lo he hecho con mucha más concisión y trabajo. Barcelona es un pueblo, una ciudad salvaje. En Barcelona puedes pasear entre gaviotas, loros, gorriones y palomas. Entre ratas y ratones. Entre cucarachas, gatos, perros, humanos borrachos. Barcelona es una selva, un estruendo, un lugar horrible y hermoso por partes iguales que, además, huele a mar. Yo no amo demasiado la playa, pero secretamente, todos los días, pienso en el horizonte y agradezco a destino haberme traído a esta ciudad cuyos límites son azules, mires por donde mires.

Cinco. Mi madre
Una de las cosas que más agradezco de este libro es que, antes de morir, mi madre lo leyó. Nunca me dijo si le había gustado o si no, pero sé que algunas cosas le hicieron llorar. Escribí Los estómagos en su segunda recaída, cuando el cáncer hizo metástasis. Algunos me han preguntado si es un libro sobre su muerte, y yo les he dicho que no, que es un libro sobre su vida. Más tarde, me decidí a introducir un solo poema más, a modo de anexo al libro. Ese es el primer poema que he escrito en mi vida que ella no podrá leer. Es extraña esta sensación. Pero hay que seguir adelante. Con fuerza. Con mar. Con cariño. Con estómago. 

22 febrero 2015

Tecleé "triste" en el buscador de Google y entonces aparecieron un montón de bebés llorando.


(De la serie de cosas que anoto en mi móvil cuando me despierto a media noche)

Toco tu pie con mi pie y juntos creamos calor. Toco tu tripa con mi tripa y juntos creamos la grasa. Toco tu sexo con mi sexo y el gato se interpone, el miedo se despierta, no creamos nada. 

13 febrero 2015

¿Dónde están las mujeres de la Beat Generation?

Angela Dalinger
Cuando había un festival de literatura importante, sus nombres no aparecían en los carteles. Cuando sus parejas decidían emprender viajes por las montañas más peligrosas de los Estados Unidos, o quizá hacia países exóticos, sus cuerpos se quedaban en casa, cuidando de los hijos, manteniendo el hogar caliente. Cuando los críticos y lectores de todo el mundo alabaron únicamente a dos o tres firmas del movimiento al que pertenecieron, sus voces se escondieron y se enterraron bajo una arena dura y áspera, aguardando a que alguien atreviera a desenterrar sus enormes libros, sus impresionantes poemas, sus importantes historias, tantas veces ignoradas.

Eso es la Generación Beat: un puñado de hombres magníficos haciendo sombra a un puñado de mujeres magníficas. Una crítica literaria y una prensa cultural empeñada en divinizar a tres o cuatro firmas, dejando a un lado la obra de quienes trabajaron con seriedad y con ambición para promover uno de los movimientos artísticos y vitales más importantes e influyentes del siglo XX. Detrás de Jack Kerouac, Allen Ginsberg o William Burroughs, siempre se mantuvieron las figuras de Lenore Kandel, Diane Di Prima o Elise Cowen.

Sus nombres quizá sonarán solo a unos pocos afortunados que hayan accedido a estudios o antologías en inglés, en donde sus poemas sobre maternidad, menstruación, amor o drogas se exhiben desgarradores.Sin embargo hoy, por fin, la traductora y poeta Annalisa Marí se ha atrevido a reivindicarlas, así como a traducir y prologar una selección de las desconocidas poetas. El resultado: Beat Attitude: Antología de mujeres poetas de la generación beat, de próxima publicación en nuestro país.


05 febrero 2015

Los estómagos.



«Hay un ejercicio de meditación que consiste en mirar el dolor de frente, a los ojos, sin huir de él ni renunciar a él, hasta que se extinga o hasta que sea él quien nos esquive. Los estómagos es eso mismo. Los estómagos es el hogar que ha sobrevivido sereno a la tempestad, un templo donde las leyes de la naturaleza siguen su curso: aquí la gaviota picotea las cuencas de los ojos del cordero que yace, el padre come carne, la araña atrapa a la cucaracha y le hace un vestido de huesos blancos, el cáncer común destroza al cuerpo porque la enfermedad anida en nuestros espejos. Los estómagos también son mantras que suenan como un susurro porque las grandes verdades se hablan en voz baja. Buda llamaba brahmana a quien está despierto, conoce la destrucción y el retorno de los seres, cruza el camino fangoso y alcanza la otra orilla. Brahmana es también la persona que narra Los estómagos y cuenta su travesía a la otra orilla para ver la luz y atraparla. Por eso Los estómagos es claridad y por eso Los estómagos está, después de todo, lleno de vida. O como expresó Reinaldo Arenas: Voluntad de vivir manifestándose» 
Antonio J. Rodríguez

03 febrero 2015

Quiero que Sarah Jean Alexander sea mi mejor amiga.


«Sólo he visto a Sarah Jean Alexander una vez en mi vida, pero esa vez fue intensa y salvaje. Creo que así es como hay que definir a Sarah, y creo que así es como hay que definir también la literatura que encontramos entre estas páginas: absolutamente libre, brutal, selvática, y, sí, salvaje. Leyendo a esta autora siento como que si la conociera de verdad. Como si fuera mi mejor amiga. Como si sus miedos y sus entrañas fueran exactamente iguales que los míos. Por estas cosas, da igual que sólo haya visto a Sarah Jean Alexander una vez en mi vida: gracias a la fuerza de este libro y de estas letras estoy convencida de que siempre estaremos unidas.»


Este es el texto que escribí cuando Sarah me pidió un blurb para su libro. 
Sale ahora, en febrero, y es una pasada. Dentro de nada se podrá encargar aquí,
así que muy muy muy atentos. Merece la pena. :)